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WERNHER VON BRAUN: UNA MONEDA DE DOS CARAS EN LA CARRERA ESPACIAL

En 1940 parecía que el sueño de von Braun de construir cohetes se esfumaba, pero entonces, el científico encontró un nuevo mecenas: Heinrich Himmler

Sección Histórica 30 de mayo de 2022 Carlos Llanas
vonbraun
Wernher von Braun

El 16 de julio de 1969, los Estados Unidos lograron cumplir una proeza sin precedentes en la historia de la humanidad: enviar al hombre a la Luna. Este hecho marcó el fin de la carrera espacial entre los EEUU y la URSS, las dos grandes potencias mundiales que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial. Esta hazaña la consiguió el ingeniero aeronáutico Wernher von Braun. Este hombre, tras esto, se convirtió en un héroe, pero pocos conocen su pasado: fue un científico nazi. Hoy hablamos sobre la vida de este hombre que pasó de construir cohetes para Hitler para matar a gente, a construirlos para los EEUU y poder explorar el espacio exterior.

 Un aristócrata soñando con viajes espaciales
Wernher Magnus Maximilian Freiherr von Braun nació en el seno de una familia aristocrática alemana en 1912. A diferencia de otras personas de su estatus, Wernher von Braun fue una persona interesada en la ciencia, sobre todo en el espacio; influenciado por el cine y la literatura fantásticos que consumió en su infancia. Von Braun creció en una época en la que el hombre se interesó cada vez más en el espacio exterior y en conocer y viajar a otros planetas.

A von Braun le dio fuerte este interés hasta tal punto de, con 18 años, matricularse en el Instituto Tecnológico de Berlín para estudiar ingeniería aeronáutica. Este hombre era muy brillante y se le daba muy bien este mundo. Aparte de sus estudios, en su tiempo libre, von Braun pasaba tiempo con otros entusiastas de la ciencia ficción y de los viajes espaciales en la Sociedad Alemana para los Viajes Espaciales. A pesar de lo impresionante del nombre, este grupo eran gente, en su mayoría, sin trabajo y de pocos recursos, que les gustaba mucho el mundillo y construir artefactos para lanzarlos desde una cantera abandonada que bautizaron como “Puerto espacial”.

En 1932, la sociedad de von Braun llevó a cabo una presentación con público para mostrar el lanzamiento del último cohete creado por ellos. Entre ellos había un capitán del ejército alemán que le ofreció a von Braun un trabajo en las fuerzas militares en el campo del armamento de cohetes, en el que el ejército alemán estaba interesado en el uso militar de dichos artefactos. Von Braun aceptó sin pensar.

 Trabajando para el mal
Al poco de que von Braun empezará a trabajar para el ejército, Adolf Hitler se convirtió en el nuevo canciller de Alemania e inició el proceso para rearmar al ejército. Este hecho rompía uno de los puntos más claves del Tratado de Versalles firmado por Alemania en 1919 tras perder la Gran Guerra, que después sería conocida como Primera Guerra Mundial: la reducción de los efectivos humanos y materiales del Ejército alemán.

Esta decisión de Hitler le vino de perlas a von Braun para sus planes. Wernher von Braun era director técnico en el campo de pruebas de Kunersdorf, cerca de Berlín. Con un aumento prácticamente ilimitado en el presupuesto, el científico pudo desarrollar cohetes cada vez más grandes y más potentes. Al final, para proteger a la población, von Braun consiguió trasladarlo todo a la población de Peenemünde, en la costa del mar Báltico. En pocos meses, este tranquilo pueblo de pescadores pasó a ser un gran complejo industrial y militar para construir y probar los cohetes de von Braum.

Como curiosidades, en Peenemünde nacieron tanto la forma típica de los cohetes como la cuenta atrás para antes del despegue. Von Braum y su equipo se inspiraron en una película de ciencia ficción de 1929 titulada “La mujer en la Luna” de Fritz Lang.

Von Braum, a pesar de trabajar para el ejército alemán, no se uniría al Partido Nazi hasta finales de 1937 y en 1939 fue presionado para presentar cohetes eficientes para el inicio de la guerra que Adolf Hitler estaba preparando. Von Braun tenía un problema. A pesar de la financiación prácticamente ilimitada de la que disfrutaba, sus cohetes no acababan de funcionar. Algunos despegaban, pero se estrellaban y otros ni llegaban a despegar y estallaban en la misma pista de lanzamiento.

Para mediados de 1939, el Führer visitó por primera y única vez las instalaciones de Peenemünde para ver esa nueva tecnología armamentística de la que el propio Hitler desconfiaba. Tras unos cuantos lanzamientos fallidos, el líder nazi salió más convencido de que la inversión en los cohetes era un pozo sin fondo y suspendió la financiación.

En 1940 parecía que el sueño de von Braun de construir cohetes se esfumaba, pero entonces, el científico encontró un nuevo mecenas: Heinrich Himmler. El líder de las SS sí que estaba interesado en el uso de los cohetes como arma. De esta manera, von Braun volvió a tener financiación y medios ilimitados. Pero von Braun tuvo que hacer algo a cambio; unirse a las SS. Ese año 1940, Wernher von Braun entró a las Schutzstaffel con el rango de subteniente.

Tras unirse a los hombres del uniforme negro, el científico se centró en solucionar los problemas que tenían sus cohetes. Para hacerlo, von Braun se fijó en el trabajo de uno de los pioneros de la era espacial; el físico estadounidense Robert Goddard. Este científico tuvo dos grandes ideas: el empleo del combustible líquido para mejorar la relación potencia/peso del cohete y la incorporación en los cohetes de un giroscopio giratorio montado sobre cardanes para estabilizar y controlar su dirección y estabilidad durante el vuelo.

Con estas ideas que el científico alemán adaptó y modificó, el 3 de octubre de 1942, von Braun y su equipo efectuaron el lanzamiento del cohete A4 desde Peenemünde. El lanzamiento se produjo sin fallos y llegó al espacio exterior para convertirse en el primer artefacto hecho por el hombre en llegar al espacio. El éxito de von Braun llegó a Himmler que, a su vez, se lo comunicó al Führer que no estaba pasando por un buen momento en la guerra tras el fracaso de la ofensiva sobre la Unión Soviética en el marco de la Operación Barbarroja. Tras saber del éxito de von Braun, Hitler se replanteó su postura con los cohetes y ordenó la fabricación de unas 12000 unidades. Hasta el final de la guerra, solo se llegaron a construir 6000. Los cohetes A4 pasaron a llamarse V2; V de venganza.

Llegamos al verano de 1943. La guerra en Europa está en un punto álgido y Reino Unido está a salvo por estar en una isla. Sin embargo, las fuerzas armadas británicas no paran y descubren el gran complejo armamentístico de Peenemünde. Al reconocer el potencial bélico de esa gran fábrica de misiles, la RAF, la Real Fuerza Aérea británica, emprende un bombardeo sobre el complejo nazi. Por suerte, para los alemanes, tanto el complejo como los científicos, entre ellos von Braun, no han sufrido demasiado. Sin embargo, von Braun lleva a cabo un traslado de la producción de los V2 y de la gente del complejo de Peenemünde a una fábrica subterránea situada en las montañas de Harz, en el corazón de Alemania. Además, von Braum contaría con ingentes cantidades de mano de obra esclava proveniente del campo de concentración de Dora-Mittelbau.

Tras el pequeño retraso en la fabricación de los misiles por el ataque británico, en septiembre de 1944, von Braun y los nazis lograron lanzar desde una base en los Países Bajos el primer V2 con Londres como objetivo. Este cohete impactó en la capital británica, causando la muerte de 3 personas. Hasta el final de la guerra, los V2 acabarían con la vida de 5000 personas en total.

En la primavera de 1945, la guerra para los alemanes estaba perdida y von Braun y su equipo decidió huir a un hotel cerca de la frontera con Austria, donde estarían con todas las comodidades y lujos esperando a que los americanos los encontraran. Los americanos, a través de la Operación Paperclip, empezaron la búsqueda de los científicos del III Reich como von Braun para adquirir sus conocimientos. Von Braun y sus colegas aceptaron entregarse a los estadounidenses y colaborar con ellos y entregarles toda la documentación sobre sus investigaciones que escondieron como un tesoro a cambio de continuar sus investigaciones en los EEUU y que se les perdonaran todos los crímenes que se les pudieran imputar por haber sido nazis.

 La gran vida americana
Los miembros del gobierno americano aceptaron las demandas de von Braun y los suyos. El 20 de septiembre de 1945, Wernher von Braun llegó a los Estados Unidos y se instaló primero en la base militar de White Sands, en Nuevo México, para empezar a trabajar en el rediseño de los cohetes V2, y después sería trasladado a Huntsville, en Alabama, para ser el director de desarrollo de cohetes Redstone; unos misiles balísticos con cabeza nuclear.

A nivel profesional, von Braun era una celebridad, pero para la opinión pública era un ex nazi y su llegada para trabajar para el gobierno fue muy criticada por parte de científicos del país de la talla de Albert Einstein. Para solucionarlo, von Braun decidió trabajar sobre su imagen para cambiarla: se casó con su prima, con la que tuvo 3 hijos, cambió su acento, adquirió la nacionalidad estadounidense en 1955, se volvió un devoto cristiano y se fue a vivir a un típico barrio suburbano americano de los años 50.

Mientras todo esto sucedía, la carrera espacial la estaba ganando claramente la Unión Soviética: en 1957, la URSS puso en órbita el satélite Sputnik, el primer satélite artificial en orbitar alrededor de la Tierra; y en 1961, la URSS mandó al cosmonauta Yuri Gagarin, el primer ser humano en ser mandado al espacio. Los EEUU fueron a remolque y parecía que von Braun no cumplía con las expectativas hasta que, tras lo de Gagarin, el presidente Kennedy expresó públicamente la intención de los Estados Unidos de mandar a un hombre a la Luna antes de que se acabara la década. Esta fue la oportunidad de von Braun de cumplir su sueño de la infancia: ya no tenía que construir cohetes para que fueran armas, sino que tenía que construir cohetes para explorar el espacio. Este sueño se cumpliría el 16 de julio de 1969 con el despegue del cohete Saturno 5 que mandó a Neil Amstrong, a Buzz Aldrin y a Michael Collins a la Luna.

Con la pisada de Amstrong sobre la superficie lunar, Estados Unidos ganaba la carrera espacial y el ex nazi pasó a ser un héroe nacional del que ya nadie se acordaba de su pasado y del que jamás pidió perdón. Wernher von Braun murió en 1977, a los 65 años, por un cáncer de páncreas.

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