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AMENAZA PARA LA DEMOCRACIA

Es el momento de dejarse de los “Sálvame de Luxe y las Islas de las tentaciones”

Opinion 21 de junio de 2022 MARIANO GALIÁN TUDELA
Foto. Amenazas a la Democracia
DEMOCRACIA

“Asistimos a la edad de oro del moralismo. El cargo de mala conciencia de nuestra civilización occidental, la incomprensión de nuestra naturaleza humana y la obsesión con el buenismo hacen que pongamos límites a todos los ámbitos del pensamiento”.

Son muchos los intelectuales, buenos pensadores y gentes de sentido común queponen en tela de juicio cantidad de opiniones políticamente correctas y, desde sus “autosilencios” en ser juzgados por los nuevos tribunales políticos y sociales, callan y asumen por no ser señalados llevando así un doble rasero. Ahora mismo es más fácil vivir siendo un caradura o un vivales pendenciero e inmoral por los cuatro costados, que desarrollar buenas ideas en la arena pública e incluso asistir a un debate que previamente ya te la tienen jurada. Cualquier juicio ético que desees llevar por bandera hasta es posible te anule tu capacidad de libertad en pensamiento.

Todo ciudadano posee como dos armaduras:  externa e interna. A la externa se le ve venir, es pública y está a la luz de todos y, la interna, como comprenderán es menos evidente, pero con más profundidad y plagada en dejar amañada una telaraña enriquecedora de sentimientos y subjetividades que son ignoradas en las esferas sociales. Que se defienda una determinada idea aquí o allá, no autoriza a nadie en imponer unos agravios contra quien opine diferente. Cuando usted, ellos o nosotros observamos que solo hay ciertas ideas moralmente aceptables, se les coloca un “san Benito” o etiqueta laureada que los partidos mandatarios, guiados por los vientos de los dioses les otorgan, y a su vez, viéndolas venir, hace una renuncia y cede con premura desde su autonomía moral. En ese momento ha dejado de ser “usted” para no ser defenestrado y aniquilado. 

Nos situamos así ante una construcción demasiado acaramelada que se mantiene por el pensamiento homogéneo, anulándose toda percepción disonante. Pero piensen por un momento que aquí, lo difícil no está en eludir tales disonancias cuando van hacia uno, sino confrontarlas.Intelectuales que se suben al carro del progresismo para no ser calificados y los otros, los que van al “son” de la música de moda, utilizan en el fondo la misma dinámica. Ambos venden su alma al diablo por un plato de lentejas.

Mientras, cada día que pasa, aquellos que decían querer a su patria, ahora ni se quieren a ellos mismos. El individualismo ha hecho mella en su pensamiento y han caído en las garras de las nuevas mafias ideológicas europeas.Andamos considerando que existe un arte muy nuestro de navegar por estos mares que están dislocados y otro tipo de arte, con elegancia, en opinar como a uno le venga en gana. Al lado de una fe humana que está por los suelos y otra divina que anda por los bajos fondos, salen de las penumbras otras religiones seculares que destruyen el buen arte y el enigma del libre pensamiento. En el entorno que nos encontramos, de manera fugaz, se produce la indignación moral, lamentándose con las frases tan desgastadas del“habría que o hay que”, que en realidad significa: debemos asumir que el resto acoja mis valores y haga de mis preferencias norma pública con matasello real. 

Ya sabemos desde hace pocos años que existen viejos lobos marinos que aspiran mediante códigos de conveniencia social o moral a imponer la censura por encima de todo y controlando lo que se mueve o no, e incluso desterrando de manera cruel toda acción de la palabra en lugar de dejar que otros creen auténticas virguerías en ficciones sobre quiénes somos, cuál es la norma más correcta y qué debemos apostar, pero ya, por un individualismo atroz y amplio  perdiendo el miedo al uso de la palabra. Para ello hay que lavar y centrifugar nuestros cerebros y ponerlos a tono. Es el momento de dejarse de los “Sálvame de Luxe y las Islas de las tentaciones”, por decir algo, y empezar a pensar, leer y reflexionar.

Asistimos más que a penurias que dinamitan algo muy auténtico: la grave mala conciencia de la civilización donde vivimos si nos dejan, el no a la dignidad de la persona y bastantes obsesiones con el mundo del buenismo que nos hacen realizar auténticas frenadas en todos los ámbitos de la reflexión y de las buenas lecturas. La nueva cultura de hoy, por decir algo, tiende a ocupar el espacio vacío que ha dejado en el tiempo los hacedores de grandes bibliotecas y estudios del mundo eclesiástico.

Al lado, nos encontramos con la falta de la libertad de expresión, los que no desean  experimentar bajo ningún postulado y  de manera supina su paso por los tamices de juicios morales. Ya hay un grupo importante de los auténticos intocables y otros muchos de los que han cambiado sus ropas por auténticas ridiculeces, ya que personas con sentido común, pensadores e intelectuales de “euro y medio” se han vuelto ridículos, pues tales personas se han movilizado para sus fines de adoctrinamiento al aparato de lo que ellos llaman cultura y lo que para otros son auténticas putrefacciones.

Aquí, tal como está el patio, no se puede discernir lo que es una verdad, ni un solo valor, sin abrazos a las contradicciones y sin ir más allá de las apariencias, identidades colectivas, dependencia hacia colectivos identitarios y, para romper dichos esquemas sumamente rígidos y modelos de pensamiento inflexible, ustedes deberían abrazar las propias contradicciones desarrollando el espíritu crítico, bálsamo auténtico que todo lo cura.

Todos somos dueños de nuestras contradicciones. La vida nos ha enseñado que el mundo occidental, da la impresión, que no saben navegar sobre las contradicciones y no sabemos vivir sin máscara alguna, sin adoptar cierta identidad noble que corresponda a la euforia del hoy, la agitación de la calle y medios de comunicación, o sin adoptar una identidad política. Aquí todo es política, y en un mundo politizado, hasta la cultura corre la misma suerte que la moral, al ser supeditada a una ideología determinada. Mientras, la cultura de la cancelación hace de las suyas.

Ya no es el poder político sino la sociedad la que anda ejerciendo la censura y cancela a todo hijo de vecino, con lo cual se han invertido los roles. La alternativa la tenemos ahí, la cultura humanista. El pensamiento crítico, la independencia y la rebelión, que se oponen a todas las modas establecidas, son necesarios para la buena salud de un grupo social. No nos olvidemos que la buena salud de cualquier grupo social se mide siempre por el número de detractores existentes. 

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