La ONU sigue la Agenda 2030 y lanza una campaña contra la libertad de expresión

El perfil oficial de la Organización de Naciones Unidas publicó un mensaje en su cuenta de la red social Twitter el pasado 21 de abril en el que mediante una analogía compara un altavoz con una pistola

Noticias 26/04/2023 Impacto España Noticias Impacto España Noticias
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António Guterres

El perfil oficial de la Organización de Naciones Unidas publicó un mensaje en su cuenta de la red social Twitter el pasado 21 de abril en el que mediante una analogía compara un altavoz con una pistola. El anuncio era claro: #NoToHate.

En el mundo de lo políticamente correcto el «delito de odio» se ha convertido en la herramienta número uno para llevar a cabo una censura que no se podría justificar de ninguna otra manera. Llama la atención desde el primer momento si se tiene en cuenta la propia Carta de Derechos Humanos promovida por esta institución cuyo artículo 19 reza así:

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

No es la primera vez que la ONU lanza campañas o toma posiciones determinadas que van en contra de sus propios principios. La promoción del aborto a nivel mundial —ahora ocultado bajo el paraguas del concepto «salud reproductiva»— se opone al artículo número 3: «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona».

¿Qué es el «discurso de odio»?
Por «discurso de odio» (o hate speech en inglés) se considera toda incitación a la violencia o a la intolerancia. La cruzada contra la intolerancia es uno de los bastiones de la nueva normalidad que se promociona desde instituciones internacionales, pero, claro está, se refiere exclusivamente a la intolerancia de lo que ellos consideran intolerante. 

 Las nuevas tecnologías de la información han permitido que las sociedades se vuelvan hipercomunicadas. Cualquier mensaje, desde cualquier lugar del mundo, es susceptible de ser replicado ad eternum y llegar a rincones que hasta hace no mucho estaban vetados por la propia técnica y la imposibilidad del espacio-tiempo.

Según la ONU, «[el discurso de odio] se ha convertido en una de las formas más comunes de difundir retórica divisoria a escala global, amenazando la paz en todo el mundo». Si se parte de una institución que tiende hacia la unidad en la homogenización típica de la idea aureolar de la globalización —o su vertiente como ideología encarnada en el globalismo–-, es lógico que todo mensaje que ataque los pilares dogmáticos sea vista como un peligro y, por lo tanto, criminalizada. 

Nadie niega que el racismo o la xenofobia sean atributos negativos (en especial cuando motivan crímenes), pero lo que subyace a esta lucha contra los odios de todo tipo es un intento de evitar críticas a la inmigración masiva o evitar el auge de los nacionalismos/patriotismos en clara oposición a esa idea de «ciudadano del mundo» sin fronteras.

Todos los caminos llevan a la Agenda 2030
Este tipo de lucha activista llevada a cabo por una institución como Naciones Unidas se nutre de un principio rector en la actualidad: la Agenda 2030. Así lo expresa en su web: «Esta misión está consagrada en la Carta de las Naciones Unidas, en los marcos internacionales de derechos humanos y en los esfuerzos mundiales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible«.

La persecución de los «delitos de odio» surge, de manera oficial, en 2019. Ese año, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, lanzó una campaña internacional para «identificar, prevenir y confrontar» aquellos mensajes que pudieran considerarse como tales.

Cualquier crítica a lo que se consideran minorías raciales (curiosa paradoja cuando estas minorías en países occidentales son clara mayoría en sus países de origen y viceversa) o minorías sexuales (colectivo LGTBI, etc.) pueden ser condenadas e incluidas en la lista negra que promueve la ONU. 

Mención aparte merecen los ataques a la libertad religiosa o, mejor dicho, al cristianismo. ¿Por qué? Porque los cristianos son el grupo religioso más perseguido del mundo. No hay mención expresa para los creyentes de esta religión.

En respuesta a las alarmantes tendencias de aumento de la xenofobia, el racismo y la intolerancia, la misoginia violenta, el antisemitismo y el odio antimusulmán en todo el mundo, el secretario seneral de la ONU lanzó el 18 de junio de 2019 la Estrategia y Plan de Acción de las Naciones Unidas contra el Discurso de Odio.

¿Por qué se mencionan dos de las tres religiones del libro, pero se deja fuera a los cristianos cuando, en todos los índices, como este de Pew Research Center, se reconoce a los cristianos como el principal grupo atacado por motivación religiosa?

Asociaciones como Puertas Abiertas realizan un seguimiento al milímetro de la persecución a los cristianos por todo el mundo y, aun así, siempre se excluye de la protección por «delito de odio».

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