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SALUD MENTAL. GESTIÓN EMOCIONA

Ante la carga que llevamos muchos españoles de mala política, trabajo-empleo y sueldo, decir que estamos en una nueva normalidad cuando no es así

Opinion 14 de noviembre de 2021 MARIANO GALIÁN TUDELA
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La OMS (Organización Mundial de la Salud) nos anima a definir qué es SALUD: Estado de completo del bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En dos años hemos saltado todos unas cuantas vallas y, algunas enfermedades siguen aún con nosotros”. La lacra social, económica y falta de libertades en la pandemia”, la caída de muchas empresas y el desempleo, el aumento de los suicidios, desigualdad de oportunidades y nuestra propia vulnerabilidad, seguir atendiendo a las personas con cierta fragilidad y ahora, en La Palma, con este volcán díscolo haciendo cisco a diestro y siniestro.

A todo ello, estos días ha pasado por Madrid D. Rémi Brague, Profesor Emérito de Filosofía Medieval de la Sorbona de París comentándonos: Este “sin sentido” que anda por Europa ahora mismo, es la espuma de la gran ola que nos viene encima y está por llegar”. ¿Algo bueno? el tsunami solidario del pueblo español y la implicación de los jóvenes que han estado dispuestos a vincularse a una causa. ¡Olé por todo!

Pero la gran olvidada de la sociedad en los últimos años sigue estando entre nosotros: la salud mental. Son muchos los problemas mentales que surgen de tantas calamidades del antes y del ahora. ¿Por dónde empezar? El miedo ante situaciones de incertidumbre, ansiedades, estrés, sin duda, han sido algunos motivos por lo que muchas personas han tocado las puertas de nuestros Centros de Salud.

Ante la carga que llevamos muchos españoles de mala política, trabajo-empleo y sueldo, decir que estamos en una nueva normalidad cuando no es así, observar los dimes y diretes europeos trasnochados y sin sentido común y… todo lo que se les ocurra a Ustedes, hoy es másque  necesario nuestro propio autoconocimiento y  pongamos el foco en la dimensión afectiva para el dominio de nosotros mismos.

Más a más, si necesitamos ayuda médica no esperemos. Al que más y al que menos desde hace dos años nos ha saltado algún que otro “asiento de nuestro cerebro” y hemos de recuperarlo. Salud mental y educación de la afectividad la necesitamos nosotros y el resto de las familias españolas. Ser una “persona fría” en cambio: parece que le falta corazón. También es otro tema de estudio y que ha de resolver la persona en cuestión.

Los profesionales de la salud mental nos advierten que el 41,9% de la población española está sufriendo problemas de sueño, el 38´7% cansado y sin energías. Se han prescrito más del doble de psicofármacos que hace pocos años: ansiolíticos, antidepresivos e inductores del sueño. El 35´1% llorando demasiado.

Según la última encuesta de Investigaciones Sociológicas (CIS), Meta estudios de revistas internacionales con resultados similares: depresión mayor, trastornos de ansiedad del 26 al 28%( The Lancet) y los trastornos de ansiedad por estrés postraumático, ansiedad y depresión fueron, respectivamente, cinco, cuatro y tres veces más frecuentes de lo que habitualmente reporta la Organización Mundial de la Salud.

Un caso sin importancia, que sí la tiene de un niño normal no hace muchos meses: No deseo hacer pis en el cole porque al baño van niños que no son de mi burbuja”. A esto hemos llegado.

El 10 de Octubre, que sepamos, es el Día Mundial de la Salud Mental. Aún más, es una de las área donde se gasta un promedio del 3% de los presupuestos sanitarios si ello no ha cambiado. Poquito a poco la prevalencia del ser humano ante la angustia vital sigue existiendo. De ello hablaba mucho y bastante Fiódor Dostoyevski. Sí se ha estudiado con hondura que la educación de la afectividad permite prevenir problemas que son fruto de experiencias traumáticas no gestionadas.

Dato claro y preciso: Una encuesta del Hospital Clínic de Barcelona a más de 4000 personas (mujeres fundamentalmente) nos indicaba que el 73% de ellas mostraron síntomas de ansiedad o depresión después de las dos primeras semanas de confinamiento. No sabemos datos de personas encuestadas por rebeldía al plan que tenía este Gobierno para con sus paisanos y los “treje manejes” con los que nos ha dejado tocados. Suponemos que ello habrá llevado también a temas de salud. 

Al menos, si desde pequeños nos hubiesen orientado hacia una educación emocional-afectiva ante un mundo como el que vivimos hoy” otro gallo nos hubiese cantado”. La Red Internacional de Educación Emocional  ve claro este objetivo. Todos, por esto o aquello, necesitamos de unos recursos y estrategias para enfrentarnos a las diversas experiencias de la vida.

Conseguir que nuestras emociones  no vayan por la vida parpadeando, sus maneras de manifestarse, causas posibles, pequeñas ayudas a progresar para nuestra vida adulta sería bastante interesante.

Existe algo que va de la mano del mundo afectivo: voluntad e inteligencia. No es que posea estudios sanitarios, pero sentarse con médicos frente a un refresco y hablar de ello merece la pena. Me dicen que psicólogos, pedagogos y educadores, algunos de ellos proponen programas concretos . Sabemos que hemos de contemplar la dimensión afectiva como una más de las que forman al ser humano.

Para más: al hablar de afectividad me dicen que hemos de rechazar la mentalidad que considera los afectos como algo negativo. “Los afectos habían caído en una especie de marginación por pensar que pertenecían más al mundo animal y menos a la especie humana”. Claramente: Educar la afectividad es educar en las respuestas que el corazón debe dar a la realidad.

Hemos de reconocer el papel transformador que tiene observar la propia vulnerabilidad. Es el modo de descubrir el sentido profundo de nuestra dignidad personal. Ante mí ha llegado el siguiente buen comentario: “ Me fijé en las personas con las que hablé, y los dividí en dos grupos: los que realmente tenían un sentido de dignidad también tenían un fuerte sentido de amor y pertenencia.

Luego están los que luchan por mantener la dignidad, los que siempre se preguntan si son suficientemente buenos”. A fecha de hoy son muchos los que tienen el coraje de creer son imperfectos. Tenían compasión para ser amables con ellas mismas primero y luego con otros. Poseían conexiones porque eran más que auténticos. Eran y son capaces de renunciar a quienes pensaban que debían ser para ser lo que eran.

La conexión entre personas es lo único capaz de dar sentido y finalidad a nuestras vidas. Esas conexiones se romper por vergüenza: el miedo a que me conozcan como soy, el miedo a verme vulnerable”  (BrenéBrown: “Los dones de la imperfección”2010). 

Nos situamos ahora mismo ante emociones no necesariamente patológicas, pero que dificultan la relación con los demás y el desarrollo de la personalidad: otra prueba de que la afectividad necesita ser educada. Diría algo más: “ir por la vida de cara bonita y que no tengo problema alguno” muchas veces crean problemas de “efecto boomerang”.

Una buena medicina para todo esto es pedirle a los Reyes: “El poder de ser vulnerable”. 2012  o“Más fuerte que nunca” (2015). De Brené Brown. De la lista de bestsellers del New York Times. 

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