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LAS 7 MARAVILLAS DEL MUNDO MODERNO

Hoy vamos a repasar brevemente los siete monumentos que fueron elegidos como los más bellos del mundo.

Sección Histórica 12 de diciembre de 2021 Carlos Llanas
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Hace un tiempo escribí sobre las “Siete maravillas del mundo antiguo”. Esto era un listado de siete monumentos, ya fueran edificios o esculturas, que fueron consideradas las obras hechas por los humanos más bellas de todo el mundo conocido en el siglo II aC. Pues bien, en 2007 se celebró un concurso público a nivel mundial para elegir las “7 maravillas del Mundo Moderno”.

Hoy vamos a repasar brevemente los siete monumentos que fueron elegidos como los más bellos del mundo. A diferencia de la lista de Antípatro de Sidón, en esta sí que hay monumentos de todos los rincones del mundo. En esta ocasión, el repaso irá desde el monumento más antiguo al más moderno.

 Una ciudad en la roca
Y empezamos este listado con la Ciudad de Petra, en Jordania. Esta increíble ciudad excavada en la mismísima roca del desierto fue fundada por el pueblo de los edomitas, una tribu que vivió en la zona hasta que fueron derrotados por los hebreos y adoptaron la cultura, tradición y costumbre de dicho pueblo. Tras este hecho, los edomitas abandonaron la ciudad que sería ocupada en el siglo VI aC por el pueblo de los nabateos.

Los Nabateos convirtieron Petra en una ciudad próspera por ser un punto comercial imprescindible en la zona por su localización cercana a las rutas comerciales y por la conocida capacidad mercantil que tenían los nabateos. Desgraciadamente, en el siglo VI dC, el cambio de las rutas comerciales y los constantes terremotos de la zona condenaron a Petra al abandono y al olvido hasta 1812 cuando el explorador suizo Jean Louis Burckhardt la redescubrió.

Esta ciudad se ha mantenido prácticamente intacta, ya que, para acceder a ella, hay que pasar por un desfiladero que mide unos 2 kilómetros de largo. Una maravilla que merece estar en esta lista sin duda.

 La plaza de Roma
El siguiente monumento es el más que conocido Coliseo o Colosseum por la estatua que había a la entrada: el Coloso. Llamado oficialmente Anfiteatro Flavio, este gran estadio podía albergar hasta 55000 espectadores. Mandado construir por el emperador Vespasiano e inaugurado por su hijo el emperador Tito en el año 80 aC, este monumento pretendía dos cosas: asentar la nueva dinastía imperial que inauguraron estos emperadores, la dinastía Flavia, y borrar la huella del emperador anterior, Nerón.

Para acabar con el legado de un emperador que, según las fuentes, fue un déspota en toda regla, el Coliseo se construyó donde Nerón había construido la piscina (recordemos que mide 200 metros de largo por unos 170 metros de ancho) de su palacio privado, la Domus aurea. A su vez, el famoso Coloso tenía la cara de Nerón, pero Vespasiano mandó cambiarla para que no se pareciera a él y se reinterpretó como una estatua al dios del Sol Helios.

En este gran anfiteatro se celebraron espectáculos de gladiadores, fiestas con animales traídos de todos los rincones del Imperio, alguna que otra ejecución y hasta batallas navales. Aunque sigue en pie, el Coliseo está bastante deconstruido a causa de siglos de expolio de sus materiales y de catástrofes naturales como los terremotos.

 Un lugar no tan perdido
Pues nos toca saltar de Euroasia para irnos a LATAM. Allí encontramos la siguiente maravilla: el Machu Picchu, en Perú. Esta antigua ciudad sagrada del Imperio inca fue mandada construir a mediados del siglo XV por el emperador Pachacútec.

El primer emperador del imperio inca quedó fascinado por este sitio situado en medio de los Andes a unos 2500 metros sobre el nivel del mar y lo creyó adecuado para construir allí lo que sería el centro político, religioso y administrativo de su imperio. Tal importancia ya desmonta el mito de que Machu Picchu fuera una ciudad perdida: estaba muy bien comunicada y el acceso era relativamente fácil.

Tras la muerte de Pachacútec, esta ciudad perdió importancia, otras ciudades cogieron el relevo de centros y condenaron a Machu Picchu a su abandono hasta finales del siglo XIX y principios del XX.

 De los Andes al Yucatán
Y pasamos de Sudamérica a Mesoamérica con los mayas y la increíble ciudad de Chichén Itzá. Este enorme complejo fue el centro político del Imperio maya en el siglo XVI. De Chichén Itzá se destacan diferentes estructuras que fueron preservadas por la selva como son el Templo de los guerreros, el observatorio astronómico el Caracol y el elemento más emblemático: la pirámide de Kukulcán.

Aparte de las edificaciones, esta ciudad maya también tiene maravillas naturales como los cenotes, enormes agujeros naturales con agua que los mayas consideraban sagrados.

 El Muro
La siguiente maravilla es la espectacular estructura conocida como la Gran Muralla. Este descomunal muro de unos 21000 kilómetros de longitud fue mandado construir en el siglo III aC por el primer emperador de la China unificada, el emperador Qin Shi Huang.

Este hombre, tras derrotar a todos los reinos que había en el territorio y unificarlos bajo un solo reino, mandó construir un enorme muro que fuera desde la frontera actual de Corea del Sur con China hasta el desierto de Gobi para proteger al país de las constantes incursiones de los pueblos nómadas del oeste, sobre todo los mongoles. Actualmente, se conserva nada más que un 30% de la megaestructura y no, la Gran Muralla no se ve desde el espacio.

 Un mausoleo por amor
El siguiente monumento es el maravilloso Taj Mahal de la India. Este precioso palacio que combina diferentes estilos arquitectónicos de Oriente Medio es un mausoleo que mandó construir el emperador indio Sha Jahan en honor a Mumatz Mahal, una de sus esposas que murió en el parto dando a luz a su decimocuarto hijo. El monumento fue construido entre los años 1631 y 1654 en Agra y es considerado por algunos como el Palacio más bonito del mundo.

 En la cima de Rio
Finalmente, llegamos a la séptima maravilla del mundo moderno: el Cristo redentor o Cristo de Corcovado. Esta estatua de 30 metros de altura y con un pedestal de 8 metros es la principal atracción de Rio de Janeiro. Esta gigantesca representación de Jesucristo con los brazos extendidos fue realizada por el escultor francés Paul Landowski, pero la cara la hizo el escultor rumano Gheorghe Leonida. La estatua es considerada el emblema nacional de Brasil.

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