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CAPITAL HUMANO

Portugal frente a España, ambos primos hermanos, han tomado derroteros distintos.

Opinion 17 de diciembre de 2021 MARIANO GALIÁN TUDELA
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Me consta que Portugal frente a España, ambos primos hermanos, han tomado derroteros distintos. Estos días, el país luso está saltando positivamente a los medios por su honestidad hacia el bien común de su ciudadanía. Sus distintos departamentos regionales caminan en unidad, las cargas fiscales de acuerdo con el sentido común, profesores y alumnos han duplicado su hacer en beneficio de su país, etc.

Han pasado pocos años y esas pequeñas plantas que se pusieron en sus terrenos, bien abonadas , regadas y mimadas han hecho que las grandes multinacionales europeas y de otros continentes hayan ido allí a poner sus buenos nidos para la buena marabunta que puede organizarse en nuestro querido Portugal. Las ideologías y sandeces varias se han quedado en esa España que ha sido y algún día será , como menos, al estilo de Portugal.

Paralelamente, el pueblo español sigue en su languidez del sueño profundo, en dejar pasar los días, seguir un cómodo aburguesamiento y dejar su país en manos de un grupo de pistoleros .

Opinen ustedes mismos cuando las distintas empresas multinacionales llaman  a las puertas de los Directores Generales de Educación en este país, sobre todo al mundo de la FP para animarles a levantar el listón en los estudios y no se les escucha. Al final, las grandes empresas optan por dirigir sus diversas miradas hacia otros países o ciertas comunidades autónomas.

Dichas empresas andan luchando por situarse en las primeras listas de esferas globales pero no lo pueden hacer con jóvenes que no están culturalmente a la altura que ellas exigen. Es más que suficiente poder entender que una excelente educación va a la par de grandes empresas dispuestas a sacar pecho en los diversos mercados internacionales.

El pueblo español, a lo largo de la historia, ha sido un pueblo aguerrido y más que luchador. Hoy día, algunas comunidades autónomas españolas son ejemplo nacional de cómo sacar adelante sus diversas tierras ya que por emprendedores no va a ser.

Es más que posible aquello que tanto se escucha: “Ante líderes incompetentes de no dar un palo al agua es imposible que el carro ande. Más aún, cuando la ciudadanía espabilada observa lo que son capaces de hacer tales bandoleros, no solo dan la espalda sino que les dejan que caigan por sí mismo al pozo”.

Nuestra ciudadanía vislumbra la creciente desigualdad económica que acontece, que es uno de los bichos vivientes que salen a diario desde el mundo moncloísta, y.. preocupa bastante. La inversión en grandes asuntos nacionales es siempre muy aplaudible pero mucho más si se hace de cara a las familias y con base a su estabilidad en un mundo tranquilo, eficaz y seguro.

Cuando los hijos no se crían  en familias estables, es menos probable que adquieran el capital humano que necesitan para destacar en el mercado laboral de hoy; tienen más probabilidad de sufrir percances importantes en su juventud y es menos probable que estén trabajando satisfactoriamente como jóvenes adultos.

 Este diagnóstico coincide en gran parte con el que hizo algunos años Charles Murray , en su libro “Deshaciéndose”. Su tesis giraba en torno a las fuentes de desigualdad cultural antes que económica, y que el dinero no todo lo arreglaría. Se puede obligar a los ricos a pagar más impuestos, pero el capital social que necesitan los pobres para salir adelante exige cultivar una serie de virtudes que el clima cultural ha deteriorado.

No es solo dinero y una política más acertada lo que falta en los círculos que nos movemos; faltan normas. Dichas normas “fueron destruidas por una plaga de resistencia a juzgar, que se negaba a reconocer que un modo de comportarse era mejor que otro. El personal perdió el hábito de plantearse estándares de vida o dejó de comprender cómo se establecían. 

Aunque lo bueno y educado sea hoy decir que todos los modelos familiares son válidos e igualmente respetables, el dichoso relativismo posee sus costes sociales. Y quienes los están pagando son los más pobres, muchas veces privados de esa energía que proviene de una familia sólida, aunque sea modesta.

Restaurar ese capital social es uno de los medios más decisivos para luchar contra la desigualdad. La preocupación por fortalecer la familia es hoy, una vez más muy importante, tema que ni en tiempos de Rajoy, Zapatero o el pobre Pedro Sánchez han sabido hacer. 

Mientras, la vida sigue. El factor humano nos revela cierta preocupación en una España enferma en población y educación, y sí halagüeño en cuanto a la hoja de ruta que sigue nuestra expresión lingüística. La educación peor imposible, la natalidad “ni se sabe”. Nuestro español, mientras que aquí se restringe en más regiones, continúa su expansión internacional disputando al inglés el liderazgo internacional y cada vez más alejados de otras lenguas. 

Eso sí: “Si invertimos en familia, el resto no duden que marchará. Siempre ha ocurrido así mientras que se ha deseado y realizado”. Poner los ojos en otras tesituras es meterse en un auténtico pantano. Ellas son el capital humano, por excelencia, de cualquier país que se acredite como rompedor ante el declive. Seguiremos atentos a Portugal.

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