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BlackRock & cía., los nuevos actores del capitalismo mundial y controladores de guerras

BlackRock es accionista de corporaciones de carbón, lignito, petróleo, farmacéutica, agroindustria y automotriz BlackRock utiliza el rearme, las intervenciones militares y las guerras de los Estados como fuente de ganancias, contribuyendo así a aumentar la amenaza global de guerra.

Noticias 18 de marzo de 2022 WERNER RÜGUEMER
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BlackRock

Los bancos no regulados en la sombra son, en estos momentos, propietarios de grandes bancos regulados, inclusive grandes corporaciones digitales. Y todo esto se ha producido casi en el anonimato, por lo menos con abrumador desconocimiento de la mayoría de la gente. 

BlackRock Corporation es actualmente copropietario o, en su defecto, accionista de 18.000 bancos, empresas y proveedores de servicios financieros, principalmente en Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y otros países de la órbita occidental. Nunca antes en la historia del capitalismo se había visto una presencia tan poliédrica y apabullante de un solo propietario. 

Y, sin embargo, BlackRock es tan solo la punta del iceberg capitalista. Hay otros protagonistas de enorme envergadura: Vanguard, State Street, Capital Group, Amundi, Wellington, Fidelity, T. Rowe Price, Pimco, Norges… BlackRock es una suerte de paradigma de todos estos agentes del capitalismo occidental de matriz estadounidense. Otros nuevos actores del capital, más pequeños, con modelos de negocio interrelacionados, también poco regulados, como inversores de capital privado (locusts), fondos de cobertura, bancos de inversión y de riesgo también forman parte del actual modelo capitalista que empezó a gestarse en 2007.

BlackRock, el banco que surgió de entre las sombras

El ascenso del banco líder BlackRock es el resultado de una larga serie de desregulaciones generadas en Estados Unidos, que también alcanzan a todo el sistema económico, financiero, fiscal y gubernamental occidental, y en Europa a través de terminales en la City londinense. 

BlackRock tiene su sede operativa en Nueva York y sucursales en unas pocas docenas de Estados, pero la sede legal de la empresa se encuentra en el oasis financiero estadounidense de Delaware. Este pequeño Estado norteamericano se convirtió en refugio financiero a lo largo del pasado siglo XX, inicialmente para las empresas “made in USA”: impuestos sobre ganancias particularmente bajos, requisitos de transparencia poco exigentes, establecimiento y administración extremadamente “liberales” frente al derecho societario, lo que convierte a estas empresas en organizaciones de responsabilidad y transparencia muy limitadas en comparación con las sociedades anónima clásicas del resto del país. 

Desde la década de los años veinte del pasado siglo, la corporación estadounidense DuPont, especializada en productos farmacéuticos, armamentos y suministro de automóviles, ha estado a la vanguardia de este tipo de empresas: tenía y todavía tiene su domicilio legal allí, en Delaware, lo que le ha permitido evadir el control público y el pago de impuestos, incluso durante su expansión mundial. DuPont cooperó, por ejemplo, con el cartel farmacéutico alemán IG Farben durante la época de la Alemania nacional-socialista. Este espacio de libertad también ha sido utilizado durante décadas por la mayoría de las corporaciones y bancos multinacionales, no solo ubicados en los Estados Unidos, también pertenecientes a la Unión Europea, países asiáticos —especialmente de Hong Kong— y sudamericanos. 

La Unión Europea también reconoció este oasis. La República Federal de Alemania, fundada después de la II Guerra Mundial bajo los auspicios de Washington, reconoció en el Tratado de Amistad germano-estadounidense de 1954, bajo el gobierno del canciller Konrad Adenauer, que las empresas estadounidenses podían operar en la República Federal bajo el amparo de las leyes del paraíso financiero del Estado de Delaware.

El libertinaje legal de Delaware se ha expandido sin cesar e incluso ha tenido repercusión fuera de las fronteras estadounidenses. En la década de los ochenta del pasado siglo, los banqueros de Wall Street pusieron en marcha nuevos productos y prácticas financieras, que luego fueron legalizados bajo la presidencia del demócrata Bill Clinton. El Bank First Boston, durante dicha década y de la mano de Laurence Fink, se convirtió en un modelo de negocio para vender préstamos hipotecarios individualizados —para la compra de condominios y casas— a los bancos y convertirlos en valores negociables. Fink se convertía así en uno de los actores de la nueva finanza desregularizada, dando origen a la firma de capital privado Blackstone. En 1988 Fink se independiza de Blackstone y funda BlackRock [3]. 

BlackRock no estaba sujeta a la antigua regulación bancaria estadounidense, regulación bancaria que, dicho sea de paso, fue alterada después de la crisis financiera de 2008. 

El presidente Barack Obama, elegirá a BlackRock como asesor para tratar de resolver la crisis financiera del momento: como asesor de la Reserva Federal de Estados Unidos, BlackRock ayudó a decidir el destino de bancos, compañías de seguros y corporaciones insolventes, sobre quiénes serían rescatados y quiénes no. Durante este período la expansión comercial de BlackRock se disparó. 

En La Unión Europea ocurrió otro tanto y BlackRock también ha sido asesor del Banco Central Europeo (BCE) hasta 2020, desde que su director, Mario Draghi, vino de Goldman Sachs. Ese mismo año, BlackRock también obtuvo un contrato de consultoría con la Comisión Europea para competencias en ESG; esto es, medio ambiente, factores sociales y gobernanza.

BlackRock: el banco en la sombra más grande 

BlackRock no es considerado un banco según derecho corporativo, a pesar de que en la práctica opera como tal. El Banco Mundial, los Bancos centrales y los países que conforman el llamado G7 —Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido— todavía consideran oficialmente a BlackRock dentro de la categoría de lo que pudiéramos llamar “bancos en la sombra”. A día de hoy, sin regular, está “bajo observación” de Bancos centrales y el Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea (Suiza) [5]. A través de su “lobby”, BlackRock ha conseguido que los gobiernos occidentales hayan entrado en la dinámica de posponer cualquier tipo de regulación. 

BlackRock obtiene capitales de emprendedores, fundaciones corporativas, bancos, compañías de seguros y fondos de pensiones. Un grupo cada vez más importante de proveedores de capital para BlackRock son los multimillonarios, que están creciendo a pasos agigantados gracias a su status desregularizado: se les conoce como personas con alto patrimonio neto (HNWI) y personas con patrimonio ultra alto (UHNWI).

BlackRock controla más de 8 billones de dólares USA en 2021, y sus ganancias se fundamentan en honorarios, comisiones y sus propias operaciones, pero esencialmente actúa como representante legal y gerente de proveedores de capital. BlackRock garantiza rendimientos anuales más altos que los administradores de activos convencionales, los bancos tradicionales y las corporaciones debido a su mayor capacidad de maniobra. 

Wall Street y los actores del nuevo capitalismo apoyaron al Partido Demócrata desde la década de los noventa, puesto que gracias a las desregularizaciones de dicho partido se habían fortalecido. El director ejecutivo de BlackRock, Fink, iba a ser el nuevo secretario del Tesoro con la candidata presidencial Hillary Clinton, tras haber incorporado personal de la administración Obama a BlackRock. 

Pero cuando el republicano Trump ganó las elecciones de 2016 y empezó por reducir impuestos a las grandes corporaciones al tiempo que prometía mayores inyecciones de capital gubernamental, Fink declaró: “Trump es bueno para Estados Unidos”

El nuevo presidente Joe Biden ha nombrado a varios ejecutivos de alto rango de BlackRock para su administración. Brian Deese, el jefe de la división de inversión sostenible global de BlackRock es el economista-jefe del presidente. Wally Adeyemo, el que fuera principal asesor del presidente Obama en asuntos de economía internacional y presidente de la Fundación Obama desde 2014, pasó a tener nómina de BlackRock y ahora es subsecretario del Tesoro bajo las órdenes de Biden. Michael Pyle estuvo a cargo de Relaciones Financieras Internacionales en el Departamento del Tesoro bajo Obama, más tarde se convirtió en jefe de estrategia de inversión global de BlackRock, y en la actualidad es economista-jefe de la vicepresidenta Kamala Harris. Tampoco debemos olvidar que  Biden fue senador por el estado de Delaware entre 1973 y 2009, ayudando a convertir dicho Estado en el refugio financiero corporativo más importante del mundo y, por lo tanto, en una herramienta para BlackRock, lo que inevitablemente convierte a BlackRock en pieza clave del “America First”. 

El poder de los capitalistas invisibles 

BlackRock ha reemplazado a los grandes bancos tradicionales desde la crisis financiera de 2008: los bancos en la sombra no regulados ahora son propietarios incluso de los grandes bancos regulados, pero también de, por ejemplo, grandes corporaciones como Amazon, Google, Apple, Microsoft y Facebook.

BlackRock combina las siguientes características y prácticas: constitución corporativa ultraliberal bajo las leyes del paraíso financiero de Delaware; status de “banco en la sombra” no regulado; un volumen único de capital empleado actualmente de 8 billones de dólares USA; una posición privilegiada en cuestiones de información y monopolio como accionista mayoritario simultáneo en 18.000 empresas, bancos y proveedores de servicios financieros; asesoramiento a gobiernos importantes y a instituciones como la Reserva Federal de Estados Unidos, el BCE y la Comisión Europea;

conexión con ALADDIN, el sistema de recopilación y análisis más poderoso del orbe occidental sobre finanzas, economía y política; una extensa red de agentes en EE.UU., Alemania, Reino Unido, Francia, México y Suiza; integración con los sistemas políticos, mediáticos, legales, de “rating”, de consultoría, de inteligencia y militares, sin olvidarnos que BlackRock es accionista del principal medio de comunicación liberal occidental, el The New York Times. 

Todos estos ingredientes combinados generan necesariamente poder. Para tener poder en el marco del capitalismo no basta con ser multimillonario. Antes al contrario, es más importante una presencia múltiple en empresas, bancos, instituciones financieras, gobiernos, medios de comunicación líderes y la red sistémica multiforme de información.

A menudo se afirma desde sectores críticos que BlackRock no puede tener una influencia tan grande en el Sistema, porque sólo poseen un 3 o un 5 o como máximo un 10 por ciento de acciones en determinadas empresas. Este era el argumento del principal hombre de BlackRock en Alemania, el político de la CDU Friedrich Merz. Pero las cosas no funcionan realmente así, BlackRock está entrelazado con corporaciones gemelas, a través de la propiedad cruzada, y las decisiones que se toman con anterioridad de cualesquiera reuniones de accionistas: para coordinar resultados, BlackRock, Vanguard y State Street, a menudo contratan agencias de asesoramiento, como Institutional Shareholder Services (ISS) o Glass Lewis, con el objeto de  coordinar estrategias. 

Tomemos como ejemplo empresa fraudulenta Wirecard, actualmente objeto de escándalo en Alemania. Los miembros del Bundestag y los principales medios estatales y privados están denunciando ferozmente al ministro de Finanzas Olaf Scholz, al regulador financiero Bafin y a los auditores Ernst & Young por no descubrir el fraude multimillonario perpetrado por este proveedor de servicios financieros durante largos años. 

¿Quiénes son, en realidad, los propietarios de Wirecard? BlackRock fue accionista con el 5%, lo que la convierte en el tercer accionista más grande. Pero BlackRock es mucho más: es accionista de los otros accionistas principales de Wirecard, como por ejemplo Goldman Sachs; BlackRock es accionista de los principales prestamistas de Wirecard, como el Commerzbank, la Société Générale y el Deutsche Bank, y Blackrock es, además, accionista de la agencia de calificación Moody’s, que determinó la solvencia y los términos crediticios de Wirecard.

Esta multipresencia BlackRock es tan importante para el funcionamiento del capitalismo contemporáneo como su opacidad pública. Una red de agentes influyentes BlackRock mantiene a personajes poderosos pagados en buena parte de los Estados: se trata de personas destacadas en gobiernos, partidos políticos, corporaciones y Bancos centrales. Estas personas suscriben contratos de consultoría bien remunerados y puestos en los consejos de administración de empresas en las que BlackRock es accionista. 

Laurence Fink, por ejemplo, es director ejecutivo de BlackRock y actúa (o actuó) como un agente de sí mismo: miembro del Consejo Empresarial del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; director del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR); presentador en el Foro Económico Mundial; conexión directa con jefes de Estado, gobierno y corporaciones, y lobbysta, tanto en Washington —donde es donante tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano—, como en Bruselas. 

Friedrich Merz, ex líder de una de las facciones de la CDU en el Bundestag, es socio del bufete de abogados de negocios estadounidense Mayer Brown, hasta 2020 presidente del consejo de supervisión de BlackRock Deutschland AG. 

Michael Rüdiger, ex director de Dekabank Deutsche Girozentrale, en el Consejo de Supervisión de Deutsche Börse AG, sucesor de Merz en BlackRock Deutschland AG. 

Hildegard Müller, presidenta de la Asociación Alemana de la Industria Automotriz, forma parte de la Junta Ejecutiva del Consejo Económico de la CDU y el Comité Central de Católicos Alemanes, miembro de la junta de supervisión de la mayor empresa de vivienda de Alemania, Vonovia, donde BlackRock es accionista.

Cherryl Mills, exjefa de personal de Hillary Clinton en el Departamento de Estado, miembro de la junta supervisora de BlackRock. 

George Osborne, exministro de finanzas del gobierno conservador británico, editor del periódico The Evening Standard, asesor de BlackRock con un contrato de 650.000 libras al año. 

Philipp Hildebrand, expresidente del Banco Nacional Suizo, director de la sede europea de BlackRock en Londres. 

Jean-Francois Cirelli, exdirector ejecutivo de la empresa de energía más grandes de Francia, GDF/Suez/Engie, director de BlackRock France. 

Marco Antonio Slim Domit, hijo del multimillonario Carlos Slim, miembro del consejo de supervisión de BlackRock. 

¿Cómo genera BlackRock sus desorbitados beneficios? 

A través de su posición de poder, BlackRock genera mayores ganancias que las empresas, los bancos y los administradores de activos tradicionales del capitalismo occidental. 

BlackRock es accionista en las empresas punteras; es decir, los bancos más importantes, las más importantes corporaciones farmacéuticas, petroleras, agroindustriales, automotrices, logísticas, aéreas, de defensa y digitales en el ámbito occidental. Esto se traduce en la conformación de monopolios, cuando BlackRock, Vanguard, State Street & Co. son, al mismo tiempo, en porcentaje cambiante, los nuevos accionistas principales de los bancos más importantes de Wall Street y de Alemania, como el Deutsche Bank y el Commerzbank. 

Esta composición cambiante se deja notar en las 30 corporaciones del DAX alemán, en las 40 corporaciones del CAC francés y en las 500 corporaciones S&P de los Estados Unidos. Este tipo de estructuras monopolísticas, desde luego, no está vigilado por ninguna de las obsoletas leyes antimonopolio de los países occidentales. 

Otra vía para la formación de monopolios u oligopolios son las fusiones y adquisiciones. BlackRock puede hacer esto con la mayor facilidad porque es, al mismo tiempo, copropietario de las empresas más importantes de una misma rama industrial, tanto a nivel nacional como supranacional. 

BlackRock, por ejemplo, es el principal accionista de los dos emporios químicos: la alemana Bayer y la norteamericana Monsanto. Los mayores accionistas de Bayer durante la adquisición de Monsanto (2016/2020) fueron, por este orden, BlackRock, Sun Life Financial, Capital World, Vanguard y Deutsche Bank.

Los principales accionistas de Monsanto eran, en un orden ligeramente diferente: Capital World, Vanguard, BlackRock, State Street, Fidelity y Sun Life Financial. Al mismo tiempo, BlackRock también es accionista de Deutsche Bank. Así nació el grupo agroquímico más grande del mundo: liderazgo mundial del mercado en semillas, pesticidas, patentes agrícolas y datos globales sobre agricultores, empresas y mercados agrícolas. Y, por supuesto, BlackRock también es accionista de la competencia entre agro-químicas como BASF, LG Chem (Corea del Sur), Akzo Nobel (Países Bajos) y Pfizer y DowDupont (Estados Unidos). 

BlackRock, como ya hemos dicho, es accionista de grandes corporaciones digitales como Google, Amazon, Apple, Microsoft, Facebook y muchas otras. Esto también es aplicable a corporaciones como las de los sectores de la automoción y la logística que están desarrollando automóviles, camiones y drones de reparto autónomos con inteligencia artificial, incluida Tesla. Por supuesto, esto es también aplicable a las corporaciones que tienen que ver con la defensa. 

La gestión de la pandemia del covid-19 por parte de los gobiernos occidentales ha estimulado enormemente la expansión de las corporaciones digitales, sobre todo a través de contratos gubernamentales para la atención médica, la administración pública y las comunicaciones gubernamentales. BlackRock, como no podía ser de otra manera, ha sido la primera en beneficiarse de esta situación. 

La digitalización con la ayuda de la inteligencia artificial también está adquiriendo un papel importante en el mundo de las nuevas finanzas. BlackRock no espera ansiosamente, como los accionistas tradicionales, a los dividendos que han de pagarse a final de año. También aceptan esta situación, pero un negocio mucho más lucrativo es la especulación con las acciones que se ejecutan a lo largo de todo el año. Cada movimiento en el valor de la acción, ascendente o descendente, se utiliza para especular.

La ventaja que posee BlackRock es que es la mayor fuente de información privilegiada de la economía occidental le viene de la mano de ALADDIN, red de inversión en derivados de deuda y activos: esta es la mayor fuente de recopilación y explotación de datos financieros, económicos y políticos del mundo. En el espacio de nanosegundos, los valores de todas las acciones y otros valores en todas las bolsas del mundo se registran simultáneamente, se comparan entre sí y se evalúan, se compran y venden acciones de una manera en gran parte robotizada.

Mediante compras y ventas adicionales, reforzadas por préstamos compartidos, los movimientos ascendentes y descendentes de los valores pueden acelerarse y manipularse, de forma infinitamente más rápida y rentable que los competidores y los pequeños especuladores. Si, por ejemplo, una acción sube y baja constantemente debido a escándalos, como en el caso de Wirecard, o en el caso de una fusión que se prolonga durante años, como de la Bayer-Monsanto, entonces este es el escenario ideal para generar beneficios. Si se violan las leyes nacionales de presentación de informes en el proceso —en Alemania, por ejemplo, la Ley de Comercio de Valores—, los reguladores financieros como Bafin no están en condiciones, ni tecnológicamente ni en términos de personal, para ejercer el control necesario [10].

Incitar y colaborar en la evasión fiscal

Parte del mayor rendimiento para los proveedores de capital es la evasión fiscal generada por BlackRock en beneficio de sus ricos proveedores de capital, los HNWI y UHNWI. Por ejemplo, el 5 por ciento de las acciones de la empresa de lignito RWE representada por BlackRock se distribuye entre 154 empresas fantasma en una docena de paraísos financieros, entre ellos Delaware, las Islas Caimán y Luxemburgo. Las empresas fantasma llevan nombres como BlackRock Holdco 6 LLC. De esta manera, los verdaderos beneficiarios, los beneficiarios reales, los multimillonarios inversionistas, son anonimizados y ocultados ante las autoridades de supervisión financiera y bursátil, las oficinas de impuestos, los empleados y la gente común: irresponsabilidad organizada [11].

Obviamente, estas prácticas fraudulentas sirven para empobrecer a los Estados afectados, las infraestructuras públicas decaen, mientras que las infraestructuras privadas se amplían. Salarios bajos, desbarajuste sindical, alquileres al alza, pensiones privatizadas…

BlackRock, es accionista de las cinco corporaciones inmobiliarias más grandes de Alemania: Vonovia, Deutsche Wohnen, LEG, Grand City Properties y TAG, promoviendo aumentos excesivos en los alquileres y los costos de servicios públicos. 

BlackRock se beneficia de la mano de obra de bajos salarios en las cadenas de suministro nacionales y globales, tales como Amazon y Apple, así como en Tesla, promueve condiciones de trabajo precarias en las subsidiarias de administración de viviendas de las corporaciones inmobiliarias controladas por BlackRock. 

BlackRock presiona a la Unión Europea y a los gobiernos a través de sus agentes para acelerar la privatización de pensiones o las subsidiadas con productos financieros como el ETF (Exchanged Traded Funds), una especie de “participación del pueblo” en la que BlackRock lidera el mercado mundial, por delante incluso de Vanguard [12]. 

Destrucción ambiental, armamento y nuevas guerras 

BlackRock es accionista de las principales corporaciones de carbón, lignito, petróleo, farmacéutica, agroindustria y automotriz de los Estados Unidos y la Unión Europea. De ahí que los elevados beneficios de BlackRock impiden las innovaciones necesarias en el transporte, la energía y el medio ambiente y ponen en peligro la supervivencia de la humanidad. Los fondos ambientales recién lanzados son tan solo un pequeño señuelo, mientras se siguen manteniendo participaciones desproporcionadamente altas en las corporaciones de combustibles fósiles. BlackRock y Vanguard son también los mayores accionistas de las principales corporaciones de defensa, incluidas las que participan en la fabricación de bombas nucleares en Estados Unidos, así como en las multinacionales norteamericanas Boeing, Lockheed, Northrop, General Dynamics, Raytheon, y BAE (Reino Unido), Rheinmetall (Alemania) y Leonardo (Italia).

BlackRock utiliza el rearme, las intervenciones militares y las guerras de los Estados como fuente de ganancias, contribuyendo así a aumentar la amenaza global de guerra. Las prácticas incluyen eludir las restricciones a la exportación actualmente en las guerras en Yemen y Libia, por ejemplo, proporcionando suministros a Arabia Saudita. Hasta donde sabemos, BlackRock no se ha retirado de ninguno de los grupos mencionados anteriormente. 

Pandemia: aumento acelerado del poder mundial 

El CEO de BlackRock, Fink, ha sido el portavoz en el Foro Económico Mundial (Davos) desde hace varios años para la “renovación” del capitalismo, particularmente en asuntos ambientales y climáticos, más conocidos como el “Great Reset” o gran reinicio. Fink señala que los gobiernos de Occidente están fallando cada vez más a la hora de satisfacer las expectativas de sus poblaciones. Sin embargo, como alternativa, Fink no se preocupa lo más mínimo por democratizar los Estados, la vigilancia en el ámbito de la recaudación de impuestos, el fomento de los ingresos laborales de acuerdo con los derechos humanos y la expansión de infraestructuras públicas.

Para Fink, como orador estrella en el Foro Económico Mundial, la alternativa pasa por construir una nueva estructura de poder sobre la base de empresas privadas multinacionales y fundaciones, también privadas, en su núcleo de poder. “El neoliberalismo ha tenido su día”, escribe el fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, pero las revoluciones y los levantamientos deben evitarse [13].

El derecho internacional actual, la Declaración Universal de Derechos Humanos, incluidos los derechos sociales y laborales, la decisión de la mayoría de la ONU de prohibir las armas nucleares, las convenciones de la ONU, por ejemplo, sobre los derechos de los refugiados, los niños y los trabajadores inmigrantes, y sobre la responsabilidad sancionada de las empresas en las cadenas mundiales de suministro y producción, Fink y Schwab no tienen nada que decir. Se supone que el manto de un nuevo capitalismo ecológico tapará todas las violaciones del derecho internacional, los derechos humanos y la democracia: enjuague verde. Se supone que los gobiernos actuales y las instituciones internacionales como el Banco Mundial, la ONU y la Comisión Europea ayudarán en esto [14]. 

BlackRock asesora al Banco de la Reserva Federal y al Banco Central Europeo en sus programas de recuperación, al socaire de un capitalismo verde renovado. Se están promocionando muchos fondos nuevos con este propósito. Sin embargo, son de alcance comparativamente pequeño. En esencia, BlackRock sigue siendo el propietario del capitalismo fósil; esto es, las corporaciones petroleras, mineras, automotrices, farmacéuticas y de defensa que mantienen una red global de subcontratistas que violan persistente e impunemente los derechos humanos a nivel global. Evasión de impuestos, contracción de las economías nacionales, prevención de las innovaciones necesarias para el medio ambiente y la infraestructura de servicio masivo, empobrecimiento de los Estados y, por último, pero no por ello menos importante, el cada vez menor peso de la mayoría de la población en las decisiones de los partidos y gobiernos cómplices: un capitalismo fósil en más de un sentido.

China, un nuevo actor 

La pobreza en lo que fueron colonias y en las regiones explotadas neocolonialmente de África y Sudamérica, incluidas obviamente sus poblaciones y clases medias de las metrópolis ricas, lo han soportado todo durante mucho tiempo y de la manera más brutal.

Pero con la República Popular de China, ha surgido una alternativa en tan solo unas décadas: ahora la economía más poderosa del mundo, ha llevado a muchos millones de personas empobrecidas a un desarrollo sostenible ascendente, en contraste con el Occidente capitalista. 

En China, los ingresos laborales de la mayoría y la clase media han aumentado de manera sostenible durante al menos tres décadas, el número de personas aseguradas socialmente ha aumentado —trabajo, salud y pensiones— y las infraestructuras para la vivienda, ordenamiento urbano, transporte público y educación gratuita se han ampliado. A este desarrollo se han sumado Estados de la Unión Europea con la aprobación de inversiones en el marco de la llamada Nueva Ruta de la Seda. Este tipo de globalización no viene acompañado de militares, está despojado de bases militares, sin marina de guerra vigilando las costas y sin intervenciones armadas encubiertas.

Por último, pero no menos importante, en la lucha contra la pandemia covid-19 China ha mostrado que está ganando a la competencia. En contraste, el Occidente liderado por unos Estados Unidos en declive económico, tecnológico y político, no tiene más remedio que fijar a China y sus socios más importantes, Rusia e Irán, como la principal salida. BlackRock no podía perder esta oportunidad y su dirección está haciendo un enorme esfuerzo para adquirir participaciones en las empresas líderes chinas y obtener licencias para operaciones financieras en dicho país. Paradójicamente, BlackRock acepta de buen grado las regulaciones gubernamentales a las que combate en Occidente. 

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