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¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO EN LAS UNIVERSIDAD?

Las universidades nacieron con una vocación irrevocable de cultivo y comunicación de los saberes al más alto nivel. La inscripción que se lee en la Medalla de la Universidad Complutense de Madrid, ´Mi alma buscaba señalero y heraldo´, evoca una doble búsqueda, la actitud indagatoria de la sabiduría, y la de alguien que lo proclame públicamente (Galino, 1998, p. 15)

Opinion 01 de abril de 2022  Miguel Pérez Ferra
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Universitarios

       Estas palabras de la inolvidable doctora Ángeles Galino, que fuera catedrático de Historia de la Educación en la Universidad Complutense, y creara una amplia escuela integrada por universitarios de alto nivel de excelencia, lleva a considerar qué está sucediendo en las Universidades.

            Queda meridianamente claro que la misión de la Universidad es de servicio a la sociedad, a través de la llamada irrenunciable a la excelencia cultural, académica e investigadora, así como a la difusión del conocimiento, que solicita la sociedad.

            Es cierto que la Universidad para generar avances de la tecnociencia, que proporcionarán a las personas bienestar, no son suficientes, sino que demandan a la Academia que profundice en el saber humanístico, pero siempre partiendo de lo que es la naturaleza del ser humano. El disfrute de los recursos tecnológicos no es lo que hace feliz al ser humano, ya que solo puede ser feliz compartiendo una cultura y una historia con los demás hombres; es decir, comprendiendo su realidad personal. Esa es una de las finalidades de la Universidad: proporcionar bienestar al hombre, aunque dándole instrumentos para que lo asuma en su realidad personal.

            Las evidencias muestran que la Academia ha obviado esta realidad; unas porque han perdido el horizonte de su misión; otras muchas que nacieron recientemente no lo definieron mediante ningún lema que definiera la razón por las que fueron erigidas. Esa circunstancia genera en ocasiones ciertos equívocos de fatales consecuencias, ya que se ponen como finalidades los medios o recursos que debieran articularse para alcanzar en cada momento el logro de su misión. Valga como ejemplo el hecho de que la modernización tecnológica ha sido considerada por algunas universidades como la finalidad del momento, cuando en realidad solo constituye un recurso de primera magnitud, que solo es un medio para contribuir al logro de aquélla. 

Si no hay una leyenda que especifique la misión de esas universidades, difícil será delimitar con qué finalidad nacieron. Recuerdo con cierta tristeza cuando un rector afirmó que los estudiantes eran los clientes de la universidad.

            Conviene precisar algunos aspectos que denotan la decadencia de bastantes universidades españolas. Uno de capital importancia es que -en no pocas ocasiones- la autonomía que debieran tener las universidades queda soterrada y emergen ciertos planteamientos ideológicos de diferente signo que sesgan la verdadera misión de la institución. Son acciones que pueden incidir en la elección del Rector, que suele ver en el cargo que desempeña un “trampolín” para iniciar una carrera política, y en no pocas ocasiones vela por sus intereses más que por los de la institución.Evidencias hay al uso. Todo ello sucede porque en ocasiones no hay un lema que clarifique la misión de esa universidad y, ese vacío es sustituido por el de una ideología determinada, que sustituye los principios por intereses.

Nunca se habló más de autonomía universitario, pero no es menos cierto que vivimos tiempos en los que el sometimiento de los órganos de gobierno en la Academia a dictados ideológicos políticos es frecuente.

Un segundo considerando es el deterioro de la excelencia en aspectos académico-investigadores. Las razones son diversas; en primer lugar, el exceso de carga docente del profesorado que está en proceso de formación que apenas dispone de tiempo para recibir formación adecuada, y asumen las asignaturas que quedan “sueltas”, dándose la paradoja de que simultáneamente producen evidencias investigadoras a un ritmo frenético, pues la ANECA demanda la elaboración de “papel” para sucesivas acreditaciones, quedando en no pocas ocasiones la calidad al margen de la producción científica. Lo que lleva a conjeturar con frecuencia la dudosa calidad de la producción científica, sin un contraste de la verificación de las propuestas realizadas, respecto a los resultados alcanzados, o la ausencia de formación didáctica del profesorado universitario, necesaria para impartir docencia, dimensión de la formación subestimada por la Administración.

Conviene también aludir al desarrollo del Espacio Europeo de Educación Superior. Después de veintidós años poco se ha avanzado, ya que no se ha formado para la gestión a las personas encargadas de establecer los programas de movilidad de estudiantes, dándose la paradoja de que con frecuencia no hay equivalencias de créditos, ni afinidad de material entre instituciones que han firmado un convenio de colaboración, lo que dificultad llevar a cabo acciones Erasmus por la dificultad de encontrar un sistema adecuado de equivalencia. Situación que dificulta la transferencia y el reconocimiento de los períodos cursados en otros países. Las controversias aludidas minimizan las posibilidades de los estudiantes de conocer y adaptarse a culturas diversas.

La falta de previsión para formar al profesorado en el conocimiento de métodos adecuados que demanda el EEES, ha dado lugar a que se siga trabajando con métodos meramente expositivos, de carácter unidireccional, del profesor al estudiante. A todo ello hay que adicionar la saturación de estudiantes en carreras de ciencias sociales, cuyas aulas en no pocas ocasiones superar los cien alumnos. Esta situación se ha propiciado para neutralizar los déficit económicos generados por la ausencia de alumnado en estudios STEM, generada por la supresión de horas de tecnología en Secundaria y la ausencia de colaboración entre universidades y delegaciones de educación para articular planes de formación del profesorado, que permitan abordar los estudios STEM de modo adecuado, utilizando interfaces virtuales, entornos de simulación para la representación digital , que faciliten el aprendizaje de conceptos y desarrollo de competencias en los estudiantes, a través de animación (2D y 3D) y otros entornos virtuales.

Lo cierto es que ha habido una falta de previsión ante el EEES para diseñar, preparar y ejecutar planes de acción adecuados. De modo que lo que realmente ha cambiado son los procesos burocráticos, que han supuesto un cambio para que todo siga igual.

Un tercer aspecto a considerar es que la excelencia de las universidades está directamente ligada a la calidad de su profesorado, que no se forma de modo sobrevenido, sino que necesita aproximadamente una década entre que realiza la tesis doctoral con una beca de formación del profesorado universitario (FPU) y concluye el periodo de 5 años de ayudante doctor. Por ello es necesario mejorar los procesos de selección de candidatos en los departamentos, procesos determinados en no pocas ocasiones por la endogamia. Para ello, y como aspecto preliminar habría que modificar el sistema actual de acreditación nacional, que gestiona la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), pues como indicaba la comisión de expertos: “no presenta las debidas garantías académicas y jurídicas que garanticen la selección de los mejores”.

Los aspectos indicados apremian a que los órganos de gobierno “ad hoc” de las universidades, supervisen los criterios definidos por los departamentos para valorar los méritos, de modo que no se modifiquen en función del perfil del candidato preferido en detrimento del más idóneo. 

Del mismo modo urge que la ANECA que haga efectiva la sentencia de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo en la que se indica que: “resulta claro que es el trabajo, la aportación, no la publicación, lo que ha de valorarse en función de si contribuye o no al progreso del conocimiento, y si es o no innovadory creativo o meramente aplicativo o divulgador”.

Ello implica que no sean las revistas las que evidencien los criterios de valoración de la investigación de un candidato, ya que en algunas ocasiones los artículos se aceptan por un trato de favor o bien atendiendo a la moda investigadora del momento, subestimando artículos de carácter fundamentalmente, que son los que promueven los avances sustantivos y longitudinales de una ciencia, en función de las demandas sociales. Y del mismo modo

Para concluir, afirmar que es evidente la necesidad de un lema que defina la misión de cada universidad, que define el referente de su quehacer diario: hacía dónde va y cómo; en caso contrario, se estará a merced de la conjetura o la ocurrencia, consecuencia de caer en uno de los errores que difundió la modernidad, concretado en que el presente se vive como algo radicalmente nuevo, desvinculado de la tradición y conjeturador de un futuro inédito.

El ser humano, por su naturaleza está vinculado a una tradición, y una de sus razones es que no conoce por “improntación”, sino por experiencias personales y compartidas. No se olvide que el ser humano constituye su identidad a partir de las experiencias intersubjetivas que le permiten avanzar y tomar decisiones, y es algo que le aporta la tradición como sustantiva de la identidad humana y, consiguientemente, esencial para articular los procesos que definen el conocimiento.

 Miguel Pérez Ferra

Catedrático de Universidad

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