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Covid: “nadie quiere que le digan que sus sacrificios fueron para nada”

Las personas se aferraron a cualquier cosa que les diera la ilusión de control, aunque la evidencia de su utilidad siempre fue débil. Apunta a factores demográficos como determinantes de los resultados de cada país.

Opinion 12 de abril de 2022 Agustina Sucri
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CUARENTENA

¿Cómo fue posible que con la excusa del covid se dispusieran diversas medidas que vulneraron derechos y aún así numerosas poblaciones las aceptaron y acataron durante dos años? El problema puede ser cultural, según pone de manifiesto en una entrevista con La Prensa Steve Templeton, inmunólogo y profesor asociado de Microbiología e Inmunología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana-Terre Haute.

La cultura de la seguridad que se ha instalado no sólo en Estados Unidos sino en diversos países, quizás explique por qué tanta gente se aferró a disposiciones con escasa evidencia científica como el uso del barbijo, el distanciamiento, los confinamientos y los pasaportes sanitarios. “La cultura que incentiva el comportamiento de seguridad a toda costa promueve la ignorancia del riesgo, haciendo hincapié en las posibilidades en lugar de las probabilidades, y la confusión de los riesgos con los peligros. Los riesgos se basan en la probabilidad de que ocurra un accidente, frente a los peligros, es decir algo que se ha demostrado que es peligroso”, detalla Templeton.

“Desgraciadamente, estos argumentos no acabarán con la pandemia. Es probable que la aparición de estrategias de la cultura de la seguridad para eliminar los riesgos de enfermedades infecciosas esté aquí para quedarse, y los niños seguirán siendo los más perjudicados”, vaticina.

Según el catedrático, en el contexto de covid-19 se creo la “apariencia” de seguridad y se utilizaron las metáforas bélicas para preparar a la población para tiempos difíciles, mostrar compasión, preocupación y empatía, persuadir a los ciudadanos para que cambiaran su comportamiento, asegurando la aceptación de normas extraordinarias, sacrificios; impulsar los sentimientos nacionales y la resiliencia, y también para construir enemigos y trasladar la responsabilidad.

“Construir enemigos y trasladar la responsabilidad” desempeñaría un papel importante más adelante en la pandemia, cuando las medidas extremas y perjudiciales no funcionaron y los políticos recurrieron a culpar a sus propios ciudadanos por no cooperar con medidas perjudiciales e insostenibles, dice Templeton.

– ¿Cómo se construyó la apariencia de seguridad en esta pandemia?

– Las personas estaban muy acostumbradas a controlar sus entornos. En las sociedades ricas desarrolladas, en muchos países occidentales, tenemos un control exquisito sobre nuestras vidas. Si tenemos una infección por una bacteria podemos tomar un antibiótico, tenemos un sinnúmero de tratamientos de avanzada a los que podemos acceder muy rápidamente para lidiar con diversas enfermedades, podemos trasplantar órganos ahora muy fácilmente y hay medicamentos para prevenir que los órganos sean rechazados, tenemos todo tipo de control sobre la información, tenemos internet.

Por lo que cuando algo amenaza ese sentido de control, las personas son incluso más susceptibles a no responder de manera racional. Una de las cosas que ocurrieron fue que las personas, en general, cuando están aterradas, demandan control. E incluso si eso no se les puede brindar, si hay líderes que están dispuestos a ofrecer una ilusión de control, es algo que no los hará estar más seguros pero los hará sentirse más seguros. Y eso es algo a lo que se aferrarán y demandarán. Eso es lo que yo llamo la “apariencia de seguridad”, la “ilusión de control” es otra forma de llamarlo.

– Pero las personas que ofrecieron esa apariencia de seguridad son las mismas que fomentaron el terror en las poblaciones. ¿Cree que esto fue con intenciones políticas, económicas o de otra índole o se debió a la pura ignorancia?

– Creo que era el camino con menos resistencia. No necesariamente creo en una conspiración a nivel mundial. Pienso que no hay nadie tan astuto u organizado para ser capaz de conseguirlo. Los políticos tomaron el camino más fácil. Cuando tienes una población aterrorizada, quieren que les digas algo y no será aceptable decir “este es un desastre natural, va a afectar a muchas personas, tenemos que asegurarnos de que no nos dañemos y hacer todo lo que podamos para soportar el daño que ocurrirá inevitablemente”.

Eso no es algo que las personas sean proclives a aceptar en una cultura moderna. Por lo tanto, los políticos solo estaban tomando el camino de menor resistencia y ofreciendo cosas. “Esto es lo que los hará estar seguros”, “si hacen esto, se sentirán seguros” y se trata de “sentirse” seguros. Porque la evidencia para muchas de estas cosas no era sólida, sino más bien bastante débil.

– Usted señaló en alguno de sus artículos el caso de Suecia, que tomó otro camino. ¿Por qué para ellos fue posible?

– No soy un experto en Suecia, pero tienen una cultura diferente. Los países del Norte en general parecen tenerla, no solo Suecia. Si miramos a Dinamarca o Noruega también lo manejaron diferente, fueron menos mano dura que casi cualquier otro país. Allí tienen la idea de responsabilidad personal y no ser forzados a hacer cosas. Sino más bien decirles, esto es lo que debes hacer, sabemos que harás lo correcto. Y lo dejaremos ahí. Esa es mi sensación. No quiere decir que no existan otros factores sobre los que no sepa yo.

– ¿Qué opina del hecho de que todas las esperanzas se hayan puesto en una vacuna como única salida de esta crisis sanitaria? ¿Por qué nunca se comunicó a las poblaciones sobre cómo reforzar el propio sistema inmune?

– La idea de que la inmunidad adquirida por la infección no es efectiva, fue algo manipulado para convencer a las personas de que cambien su comportamiento, para comprar tiempo hasta que las vacunas fueran desarrolladas. Eso es bastante decepcionante porque hubo muchas personas que se infectaron y se recuperaron y tuvieron una respuesta inmune perfecta, que los protegió de infecciones posteriores, y variantes posteriores.

– ¿El poder de la industria farmacéutica tuvo un rol en ese sentido?

– Sí, probablemente. Si se combina la idea de eliminar toda la responsabilidad por los efectos adversos de las vacunas y también se impone la obligatoriedad de esas mismas vacunas, eso proporciona un gran incentivo para la corrupción, la creación de problemas y mucho lobby. Saben que van a hacer este dinero, y está bastante garantizado que pueden dirigir un montón de dinero para influir en los gobiernos para que éstos den aún más dosis de refuerzo y eso es realmente decepcionante.

Es algo que tendrá que ser examinado en los próximos años. Como inmunólogo, entiendo el poder de la vacunación como una herramienta. Sé que no todas las vacunas son perfectas, que no todas son efectivas y que algunas tienen efectos adversos que las hacen no necesarias de usar y que deben ser sacadas del mercado, como ha sucedido con algunas. Pero la vacunación ha adquirido esta especie de casi un significado religioso. Quiero decir, ser inmunólogo y ser tildado de “antivacunas” es una especie de ironía porque mucho de lo que hacen los inmunólogos es entender los mecanismos de las vacunas.

– ¿Es correcto que la OMS insista en que la inmunidad de rebaño para el covid solo pueda alcanzarse mediante la vacunación?

– No, eso claramente no es así. La inmunidad de rebaño es un proceso que ocurre de cualquier manera que se haya adquirido la inmunidad. Y no necesariamente significa, en el caso del covid, que desaparece por completo. Significa que pierde su potencial epidémico. Y se convierte en un virus endémico, al igual que otros coronavirus que circularon y nunca desaparecen. Volviendo a las vacunas, es importante resaltar que solo porque haya un montón de personas que tienen malos argumentos -es decir, estos argumentos del tipo teoría conspirativa- contra las vacunas, no significa que no existan buenos argumentos, de buena fe y bien informados para -al menos- ser cautelosos basados en el cálculo del riesgo ante algunas mismas vacunas que se están aplicando a diferentes grupos etarios. Eso no debería ser algo que gatille la etiqueta de antivacuna.

¿Cuáles han sido los más altos costos que esta apariencia de seguridad ha tenido?

– En última instancia tenemos una importante proporción de personas que perdieron la confianza en la salud pública. Y tenemos lo opuesto de la ecuación donde las personas han abrazado esto al extremo de estar dispuestas a adherir a lo que se ha hecho en esta pandemia en particular en un montón de otras áreas. Tendremos picos de todo tipo de enfermedades. Y si empezamos a testear para otras cosas como hicimos con covid, empezaremos a ver en tiempo real cómo ocurren estos picos. Y muchas personas dirán “ok necesitamos usar barbijos en la temporada de gripe, en especial en escuelas”. Habrá más de una división. La respuesta a esta pandemia fue, al menos para un cierto grupo de personas, muy exitosa y continuará siendo empujada hacia otras áreas de la vida.

– ¿Por qué cree que los gobernantes y los médicos mediáticos han utilizado el concepto de guerra frente a este virus y de qué modo esto nos ha llevado a actitudes irracionales y a enfrentarnos los unos con los otros?

– Es una cuestión propia de la naturaleza humana, queremos estar en un grupo cohesionado, queremos poder ocuparnos de los problemas en conjunto, no hay nada que de esta sensación de espíritu colectivo como una amenaza de guerra. Reúne a personas que en otras cosas estarían en desacuerdo. Por lo tanto, hay definitivamente un deseo de tomar grandes crisis y compararlas con una guerra para lograr esos poderes que quieren los líderes, que son especiales. Creo que guerra no es una buena metáfora.

“Desastre natural” es una mejor metáfora para la pandemia. En los desastres naturales no se pueden controlar tanto los daños. Estamos viendo que a los países que demográficamente eran más susceptibles a la patología del coronavirus, no les fue bien. A aquellos países con un montón de personas pobres, mucha gente mayor, mucha gente enferma, no les fue bien.  Y los países que tenían menos de eso lo hicieron mejor. Y no tuvo que ver con cuán bien o cuán estrictas fueron las medidas de mitigación en términos de ejecución del gobierno. Eso es algo que tiene que ser reconocido. Pero puede tardar un poco.

¿Cree que se trata de un virus natural? A algunos especialistas les ha llamado la atención el tipo de daño que causa.

– No creo que seamos capaces de crear un virus de cero. Si ha sido aislado de algún lugar, modificado levemente y accidentalmente escapó, no lo sé. Creo que es posible. Pero tendría que venir primero de algún lugar. Ya sea una población de animales, probablemente murciélagos, y si lo han aislado y accidentalmente liberado es una pregunta muy interesante. Y obviamente las personas deben investigar.

¿Cómo seguirá el curso de esta denominada “pandemia”?

– Creo que la parte difícil ya pasó. Nos adentramos a una fase de estado endémico en la mayoría de los países del mundo. El problema será reconocerlo porque en los lugares donde siguen testeando fuertemente, aun ven picos pero deben reconocer eso más como una aumento estacional y no como algo que está fuera de lo común para muchos de los otros coronavirus. Lo peor ya pasó, pero ahora se trata de ponerlo en perspectiva histórica, mostrando realmente qué fue lo que funcionó y qué no. Creo que habrá un debate sobre eso. Debería haberlo.

– ¿La humanidad ha demostrado que está dispuesta a perder todo, incluso su libertad, con tal de no perder la vida? ¿Ha sido este un peligroso precedente?

– Es una pregunta interesante porque tenemos en muchos países un envejecimiento poblacional. Y el modo en que se hizo vivir a las personas mayores hizo que su salud general empeorara bastante. Se hizo muy difícil discutir que vivir de ese modo era preferible a estar en riesgo de muerte por covid. Mis dos padres terminaron contrayendo el covid, afortunadamente fue leve para ellos. Pero entendí completamente su frustración y mi propia frustración… pensé que era muy probable que murieran de otra cosa al no poder ejercitarse, siendo aislados, fue algo horrible y muchas personas que murieron no pudieron ser visitadas por sus seres queridos cuando estaban muriendo. Es muy importante pensar en todas estas cosas, al tener este envejecimiento poblacional y realmente debemos preguntarnos cuánto de todo esto vale la pena.

– ¿Las personas jóvenes han tomado conciencia de esto?

– Creo que eso de que la seguridad es más importante que vivir la vida ha aumentado durante la pandemia y creo que las personas quieren creer que todo lo que hicieron marcó una diferencia. Nadie quiere que le digan que sus sacrificios fueron para nada. Será un mensaje difícil pero la evidencia hasta ahora muestra que los lugares que tuvieron un enfoque más ligero no les fue peor que aquellos que fueron muy estrictos y que tuvieron una mitigación draconiana. Ese es un mensaje que tiene que salir a la luz, aunque las personas no quieran escucharlo.

– ¿Las personas estarán dispuestas a acatar nuevos confinamientos, pasaportes y demás imposiciones en caso de que aparezca una nueva pandemia?

– Creo que habrá peleas más grandes al respecto. Las personas no aceptarán esas medidas tan fácilmente. Quizás en algunos países, sí. Pero será una pelea más grande. Algunas personas estarán absolutamente convencidas de que eso es lo que tenemos que hacer, pero definitivamente habrá extremos que se enfrentarán en esa situación. Es importante discutir sobre esta pandemia y ver qué funcionó y qué no para evitar ese tipo de situaciones.

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