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EL GRAN INCENDIO DE CHICAGO DE 1871

A lo largo de la historia encontramos pocos casos que sean la representación gráfica de la frase “resurgir de sus cenizas cuál ave Fénix”

Sección Histórica 15 de mayo de 2022 Carlos Llanas
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Chicago

A lo largo de la historia encontramos pocos casos que sean la representación gráfica de la frase “resurgir de sus cenizas cuál ave Fénix”. Pero de esos escasos ejemplos, el más literal que podemos encontrar es el caso de la ciudad de Chicago, en los Estados Unidos. La capital de Illinois sufrió uno de los incendios más grandes jamás sufridos por una población a lo largo de la historia y, sin embargo, esta ciudad supo ponerse de pie rápido, reconstruirse y volver tan fuerte como lo supo hacer. Hoy hablamos del Gran Incendio de Chicago.

 The Second City
La ciudad de Chicago, en el siglo XX, se ganó o se le impuso el título de The Second City (la segunda ciudad) por ser reconocida como la segunda ciudad más importante de los Estados Unidos en ese siglo, por detrás de Nueva York. Este epíteto se lo fue ganando ya desde el siglo anterior.

La capital de Illinois creció como una gran metrópolis gracias a la gran cantidad de inmigración que fue acogiendo desde décadas atrás de origen europeo. Ese gran aumento poblacional hizo que la ciudad también creciera a marchas forzadas en cuanto a edificios. Chicago, fundada en 1833, era una más de esas poblaciones surgidas de la colonización del oeste por parte de los americanos a partir del siglo XIX y la única materia prima que existía en la zona en abundancia era la madera. De esta manera, la ciudad fue creciendo a base de edificios y calles hechos exclusivamente de madera. Para rematar la faena, Chicago sufrió, en 1871, un verano caluroso y seco. Y ya sabemos: madera y calor igual a fuego.

 ¿El Gran Incendio por culpa de una vaca?
Con esta situación llegamos a la noche del 8 de octubre de 1871. En el granero de la familia inmigrante de origen irlandés O’Leary se inició un incendio debido a que una vaca derribó una linterna que encendió un montón de paja. A los pocos minutos, el establo ya estaba en llamas. La inactividad de las fuerzas de bomberos, que estaban cansadas por haber apagado otro gran incendio la noche anterior, provocó que el fuego se extendiera rápidamente a los edificios colindantes a la residencia O'Leary.

Aparte de que los edificios fueran hechos de madera y del clima caluroso y seco que sufrían en Chicago, la propagación de las llamas también fue rápida por el fenómeno meteorológico conocido como remolino de fuego. Este efecto se produce cuando el aire sobrecalentado de las llamas sube y entra en contacto con el aire frío superior y, entonces, el fuego empieza a girar como un tornado. Además, empezó a soplar vientos del sudoeste que expandieron más si cabe el fuego por la ciudad.

Durante los dos días siguientes, más de 300.000 personas solo pudieron ver como sus hogares, tiendas, lugares de trabajo, etc. simplemente desaparecían. En cuanto a fallecidos, se cree que murieron alrededor de unas 300 personas. El fuego iniciado el domingo se apagó el martes con una lluvia casi divina. La ciudad, tan buen punto se acabó la pesadilla, empezó su reconstrucción gracias a la propia fuerza de la gente de Chicago y la ayuda estatal y de otras ciudades que recibió. A nivel urbanístico, la ciudad sufrió un cambió radical.

A partir de 1874, en Chicago se prohibió construir cualquier edificación con madera, se reforzaron los códigos contra incendios y la ciudad sustituyó la madera por el acero como material de construcción que, junto a los arquitectos modernistas que llegaron a la ciudad y que fundaron la famosa Escuela de Chicago, transformó el skyline de la ciudad con la edificación de rascacielos y edificios altos.

Pero la pregunta aquí es ¿fue la vaca de la señora O'Leary la que empezó la catástrofe? En un primer momento, esa fue la versión oficial y difundida por un periodista que, al tiempo, reconoció que se lo inventó como fruto de la voluntad de culpar siempre a los extranjeros de cualquier problema. El hecho real es que el fuego empezó en la casa de esta familia irlandesa.

Finalmente, muchos años después se acabó descubriendo la verdad. En aquella época, la gente se pasaba el tiempo jugando a los craps, un juego de dados y, por los conflictos que causaba, se debía jugar a escondidas.

El caso es que, esa noche, en el establo de los irlandeses se estaba jugando una partida iluminada solo por una lámpara y, en un momento dado, el jugador Luis M. Cohn tiró al suelo esa lámpara que encendió el heno del establo y que provocó el Gran Incendio. Por lo que parece, por culpabilidad, fue el propio Cohn quien propagó la mentira de la vaca que aquel periodista publicaría. Cohn murió a los 89 años, dejando una carta donde confesaba la verdad y hacía un gran donativo a la ciudad.

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