La crisis climática como arma política desmontada por 1609 científicos

El cambio climático siempre ha existido. Sobran las evidencias de que el planeta ha experimentado fases frías y cálidas desde hace millones de años incluso sin la intervención humana

Opinion 30/08/2023 José Gregorio Martínez
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Crisis basada en ciencia climática

El cambio climático siempre ha existido. Sobran las evidencias de que el planeta ha experimentado fases frías y cálidas desde hace millones de años incluso sin la intervención humana. Pero a lo que hoy se conoce como cambio climático se la ha atribuido consecuencias apocalípticas que en corto plazo devastarían la Tierra, y la raza humana sería la responsable de su propia extinción.

No hay duda de que la industrialización ha elevado los niveles de contaminación. Sin embargo, la politización e ideologización del tema ambiental ha llevado a muchos a dudar de las advertencias, algunos desde el negacionismo total, pero otros desde la inquietud de las distintas hipótesis que plantea la ciencia.

En este último grupo se ubican 1609 científicos y profesionales de todo el mundo, incluidos 321 de Estados Unidos, que firmaron una declaración en la que descartan que realmente exista una emergencia climática y piden que la política salga de este debate. “No hay ninguna emergencia climática. Por tanto, no hay motivo de pánico ni alarma”, dice el documento publicado este mes por el Global Climate Intelligence Group.

Antes de entrar en el cuestionamiento político, los expertos hacen algunas aclaratorias de carácter científico. Por ejemplo, sostienen que el dióxido de carbono es “esencial” para toda la vida en la Tierra y es “favorable” para la naturaleza, ya que –según el informe– permite el crecimiento de la biomasa vegetal global y aumenta el rendimiento de los cultivos en el mundo. Por esta razón advierten que los modelos climáticos “exageran el impacto de los gases de efecto invernadero” y quienes repiten estas teorías “ignoran el hecho de que enriquecer la atmósfera con CO2 es beneficioso”.

Desastres naturales y crisis climática
Los científicos, entre los que se encuentran dos premios noble, el físico John Francis Clauser de EE. UU. y el noruego-estadounidense Ivan Giaever, descartan también la narrativa de que el calentamiento global esté relacionado con un aumento de desastres naturales como huracanes, inundaciones y sequías, pues de acuerdo con sus estudios, “no hay evidencia estadística” que respalde estas afirmaciones.

 Un ejemplo de esta narrativa se pudo observar en septiembre del año pasado durante el paso del huracán Ian por la costa este de EE. UU., cuando el entonces conductor de CNN, Don Lemon, le preguntó a Jamie Rohme, director interino del Centro Nacional de Huracanes de la NOAA, “qué efecto tiene el cambio climático en este fenómeno”. La respuesta del experto ante la insistencia fue tajante:

“No creo que se pueda vincular el cambio climático con ningún evento en particular. En general, en términos acumulativos, el cambio climático puede estar empeorando las tormentas. Pero lo advertiría antes de vincularlo con cualquier evento en particular”.

Apartar la ciencia de la política
Es debido a las teorías sobre la crisis climática planteadas por diversos líderes, activistas y periodistas en el mundo que los científicos que firmaron este carta piden separar la ciencia de la política:

“La ciencia del clima debería ser menos política, mientras que las políticas climáticas deberían ser más científicas. Los científicos deberían abordar abiertamente las incertidumbres y exageraciones en sus predicciones sobre el calentamiento global, mientras que los políticos deberían contar desapasionadamente los costos reales, así como los beneficios esperados de sus medidas políticas”.

El periodo de calentamiento que actualmente experimenta la Tierra no es algo extraordinario que alarme a este grupo de científicos, quienes recuerdan que el clima del planeta ha variado por distintas razones durante toda su existencia. Ese más, consideran que el calentamiento actual está ocurriendo “mucho más lento” de lo previsto por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

“No existe una verdadera crisis climática”
Uno de los firmantes de la declaración, el nobel John Francis Clauser, quien le ha cuestionado directamente al presidente Joe Biden su política en esta materia que comenzó desde el primer día de su gobierno con la cancelación del oleoducto Keystone XL, dijo a comienzos de mayo que “la ciencia climática equivocada ha hecho metástasis hasta convertirse en una pseudociencia periodística de shock masivo”, según recoge The Epoch Times.

 El físico estadounidense elegido miembro de la junta directiva de CO2 Coalition –un grupo que se centra en las contribuciones beneficiosas del dióxido de carbono al medioambiente– agregó en ese momento que “la narrativa popular sobre el cambio climático refleja una peligrosa corrupción de la ciencia que amenaza la economía mundial y el bienestar de miles de millones de personas”, pues a su juicio, “no existe una verdadera crisis climática” sino una narrativa “promovida y extendida por agentes de marketing empresarial, políticos, periodistas, agencias gubernamentales y ambientalistas igualmente equivocados”.

El ambientalismo como bandera política
Para nadie es un secreto que la izquierda internacional –autodenominada actualmente como “progresismo”–  ha hecho del ambientalismo una de sus banderas para sumar a los ecologistas a sus filas, de la misma manera como ha seducido a feministas, indigenistas y colectivos LGBT, entre otros. Es así como se ha llevando la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, planteada por el marxismo, a otro nivel en el que han surgido causas “incuestionables”, entre las que aparece la lucha contra una inminente catástrofe ambiental.

Desde la mal llamada ideología progresista han surgido líderes que han sabido capitalizar la defensa del medioambiente con fines políticos. El pionero fue, sin duda, el exvicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, quien consiguió en 2007, junto al comité del clima de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Premio Nobel de la Paz por su papel en el impulso de la acción internacional contra el calentamiento global.

¿Qué hizo Al Gore para merecer este galardón? Un año atrás, en el festival de cine de Sundance, donde presentó su documental Una verdad incómoda, aseguró que nos quedaban diez años para tomar medidas drásticas respecto a nuestras emisiones de dióxido de carbono o el mundo llegaría a un punto de no retorno. Han pasado 17 años desde que lanzó la alarmante predicción.

Greta Thunberg: de activista a falsa profeta
Otra profeta del desastre ambiental ha sido la joven activista sueca, Greta Thunberg, quien en marzo de 2018 dijo en su cuenta de Twitter –citando a un “destacado científico”– que “el cambio climático acabará con la humanidad a menos que dejemos de usar combustibles fósiles en los próximos cinco años”. El 11 de marzo de este año, al cumplirse el plazo para este vaticinio, el periodista estadounidense Jack Posobiec le preguntó, adjuntando una captura de pantalla, por qué había borrado el mensaje de la red social.

Greta Thunberg fue la cara más visible de una campaña contra el expresidente de EE. UU., Donald Trump, por parte de activistas ambientales que lo acusaban de no tener una política a favor de la protección del planeta. No sorprendió que en 2020 apoyara la fórmula demócrata de Joe Biden y Kamala Harris, aunque posteriormente criticó sus medidas por considerarlas insuficientes.

Una histeria que golpea las economías
En Latinoamérica se han declarado defensores de la causa ambiental los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Colombia, Gustavo Petro. Este último promoviendo incluso la paralización de la exploración y explotación de petróleo, carbón y gas, en un país cuya economía depende mayormente de la extracción de hidrocarburos, basándose únicamente en razones de carácter ideológico que ni su aliado brasileño comparte.

La histeria de los activistas climáticos que dicen manifestarse para defender una inminente crisis global ha superado los límites de la cordura. En octubre del año pasado hubo al menos cuatro ataques a obras en museos de Australia, Alemania y Reino Unido. La locura encendió las alarmas del otro lado del Atlántico, donde el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, a pesar de su ideología de izquierda, se manifestó en contra de estas acciones y llamó la atención para que ese “exhibicionismo” no ocurriera en su país, el segundo con más museos en Latinoamérica y el primero en recepción de turistas internacionales.

Otras fallidas predicciones
Las predicciones alarmistas han estado a la orden del día durante las últimas décadas. The Epoch Times menciona otros ejemplos como el del experto en contaminación James Lodge, quien predijo en 1970 que “la contaminación del aire podría destruir el sol y causar una nueva edad de hielo en el primer tercio del nuevo siglo”, según recogió en ese momento The Boston Globe.

También recuerda el caso de Mostafa Tolba, exdirector ejecutivo del programa ambiental de las Naciones Unidas, quien dijo en 1982 que si el mundo no cambiaba de rumbo, enfrentaría una “catástrofe ambiental que sería testigo de una devastación tan completa, tan irreversible, como cualquier holocausto nuclear” para el año 2000. Y completa la lista James Hansen, director del Instituto Goddard de Ciencias Espaciales de la NASA, quien expresó en 2008 que dentro de cinco a diez años, al Ártico no le quedaría hielo en el verano. Han pasado 15 años de esa predicción.

Crisis basada en creencias y no en ciencia climática
Todas estas profecías casi apocalípticas que han demostrado no estar respaldas por la ciencia llevaron a este grupo de 1609 científicos a aclarar que realmente no existe una crisis climática y las advertencias alarmistas han sido producto de un modelo que ha “degenerado” la ciencia del clima para convertirla en una “discusión basada en creencias” y no en una ciencia autocrítica sólida.

“¿No deberíamos liberarnos de la ingenua creencia en modelos climáticos inmaduros?”. Con esta pregunta invitan a reflexionar sobre la supuesta crisis climática que ha generado pánico en el mundo, advirtiendo en reiteradas oportunidades sobre una inminente devastación que –según sus voceros– solo se detiene votando por los políticos de una determinada corriente ideológica.

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