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Telediarios de Agosto

 Desafortunadamente, este último año, el telediario ha perdido su capacidad de sorpresa e, incluso me atrevería a decir, su utilidad de información general

Opinion 13 de agosto de 2021 Julio Moreno
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 Una de mis costumbres más arraigadas, yo diría que casi un rito, es ver el telediario. Si, el telediario. Yo tengo cincuenta años, así que se pueden conformar con que no lo llame el NODO.

 Desafortunadamente, este último año, el telediario ha perdido su capacidad de sorpresa e, incluso me atrevería a decir, su utilidad de información general, copado como está por el coronavirus, así que, cuando muy de vez en cuando, aparece una perla como la que ahora voy a recordar, noticia de este pasado verano, la sonrisa aflora al rostro del televidente avezado, deseoso de alguna nueva que rompa la monotonía.

 Como ya he comentado en alguna ocasión, yo cojo las vacaciones en agosto, que es cuando España está de vacaciones. Si fuera un ser privilegiado, por ejemplo, un jubilado, cogería las vacaciones en Mayo o en Octubre y al menos el rato que dedico a ver el telediario sería más entretenido y probablemente más enriquecedor.

 Las noticias de agosto son tan escasas que el telediario se convierte en una suerte de magazine vacacional. Sin sesiones en el parlamento y con los juzgados cerrados ya hemos eliminado cuarenta minutos de un telediario normal. Si a eso añadimos que no hay fútbol hay que llenar espacio con lo que sea.

 En estas estaba yo, viendo las noticias en el balcón de mi mansión de verano, de cincuenta metros cuadrados,( aclaro que lo que mide cincuenta metros cuadrados no es el balcón, si no la mansión entera ), cuando tuve la ocasión, brillante sin duda, de conocer que en la bucólica región italiana de Lombardía había tenido lugar un suceso que si bien podía haber sido una tragedia, es propio de una película del genial Alberto Sordi.

 Resulta que un par de empleados de la compañía Trenord, afamada empresa dedicada al transporte ferroviario en Italia, estaban desplazando un tren sin pasajeros entre Milán y una localidad italiana llamada Lecco. Aparentemente, según los rotativos, ya habían llegado a la estación de destino, cuando uno de ellos sintió la llamada de un bocadillo de salchichón que le miraba con ojos de deseo desde el mostrador del bar de la estación.

  Como hay llamadas de la naturaleza que no se pueden obviar, ambos empleados abandonaron momentáneamente el tren sin pensar que este simple gesto iba a hacerles acreedores de salir en las noticias de medio planeta.

 Mientras nuestros protagonistas italianos degustaban su salsiccia, el tren, sin más explicaciones, decidió, aun no se sabe por qué ni como, reanudar su marcha sin esperarles.

 Me imagino a, no sé, Luigi y Angelo degustando tranquilamente sus bocadillini, o como coño se llame un bocadillo en Italia, cuando el jefe de estación entró en el bar, con la cara cerúlea, gritando “ ¡ el tren se va ! “

 . “ ¿ Como que se va ? “ pensarían Luigi y Angelo antes de ser conscientes de que el tren había tomado carrerilla y se alejaba nuevamente en dirección a la estación de Milano Porta Garibaldi.

  Parece ser que las cámaras de la estación captaron la desesperada carrera de ambos ferroviarios intentando alcanzar el tren, pero fue en vano. La noticia no incluía estas imágenes que, supongo, reservarían para cuando Roberto Benigni decida llevar el hecho a la gran pantalla.

 No voy a entrar en los medios con los cuales la Red de Ferrocarriles Italianos intentó parar el tren. Finalmente decidieron que ya que iba vacío, lo mejor sería hacerlo descarrilar. Esto es la versión férrea italiana de arreglar la televisión dándole un puñetazo. Pero la noticia aún reservaba una cara B.

 Resulta que, al parecer, alguien se había colado en el tren que debería estar vacío. Un norteafricano había subido al tren en algún punto del recorrido. Supongo que esto lo dedujeron por los gritos desgarradores del hombre de color cuando el tren atravesó como una bala la estación de Carnate ante la atónita mirada de un puñado de viajeros que esperaban para subir en él.

 No obstante, quiso la providencia que el supuesto polizonte, supongo que buscando desesperadamente el modo de apearse y jurando a sus dioses que nunca volvería a subir en un tren sin pagar, ni pagando, recorriera el tren de punta a punta hasta llegar al último vagón, que fue el único que quedó intacto tras el brutal impacto contra las protecciones de la vía muerta donde lo habían desviado, resultando prácticamente ileso, por fortuna, sobre todo suya.

 Uno no sabe cuando va a ser protagonista de los informativos. Si no, que se lo pregunten a la socorrista que puso ácido clorhídrico encima de sulfato de cloro y la lió parda o al primo de la Sole que se llevó el huevazo mas visto de la historia de youtube.

 Buscadlo, milenials. Os vais a descojonar.

 

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