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Los Marxistas quieren implantar la “violencia revolucionaria”

El Partido Marxista Leninista ha resucitado .Su líder fue alumno de Pablo Iglesias

Opinion 01 de septiembre de 2021 EM
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El Partido Marxista Leninista ha resucitado. La pasada semana desplegaron una pancarta de Stalin en el ayuntamiento de Valencia y otras ciudades. Su portavoz es abogado y okupa. Su líder fue alumno de Pablo Iglesias

El pasado lunes, en torno a las once de la mañana, Stalin entró por la puerta principal del ayuntamiento de Valencia metido en una mochila. Dos jóvenes cruzaron el arco de seguridad, subieron la escalinata de mármol hasta la primera planta, pasaron a unos tres metros de las dependencias del alcalde, Joan Ribó, de Compromís, y salieron al balcón, donde desplegaron una pancarta gigante con la cara del dictador ruso y el lema: “En defensa de Stalin”. Desde abajo, en la plaza, otros compañeros grababan la escena. Treinta segundos después la enrollaron, la volvieron a meter en la mochila y se fueron.

El mismo día, en protesta contra el Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo, otras pancartas del estilo se desplegaron en zonas más o menos simbólicas de Sevilla, Cartagena, Toledo, Vigo, Barcelona y Madrid. Se trataba de una acción promovida por el Partido Marxista Leninista Reconstrucción Comunista, nacido en España en 2009, y no precisamente para presentarse a las elecciones.

Fermín Turia es su portavoz nacional. Tiene 23 años, acaba de terminar Derecho, y ha encontrado trabajo de pasante en un despacho de Valencia: “El socialismo es otra cosa, es la clase obrera organizada, a la ofensiva y capaz de utilizar la violencia revolucionaria para reprimir a los que la quieren explotar. No tiene nada que ver con los cuentecitos de votar cada cuatro años para convencer a los explotadores de que permitan a los trabajadores vivir mejor. Nosotros no creemos en esa humillación. No creemos en esos cantos de sirena”.

 Creen, explica, en abolir la monarquía, en salir de la Unión Europea y de la OTAN, en construir un frente obrero, en promover la conciencia de clases y en crear una república popular federal al estilo de la Albania de Enver Hoxha, quien gobernó el país desde 1944 hasta su muerte en 1985. Un periodo en el que unas 5.000 personas fueron condenadas a muerte; en el que emigrar era un acto de traición condenable a una pena mínima de diez años, por lo que la frontera con Yugoslavia se cerró con una valla electrificada; y en el que las élites vivían en un barrio restringido al resto de la población. “Esa es la que nos gusta”, reivindica Fermín.

– ¿Pero habría elecciones cada cuatro años?

 – No me atrevo a afinarte tanto.

– ¿Y se podría presentar el PP?

– (Risas). No creo.

 – ¿No?

– No creo que esas sean las formas. Para nosotros los partidos esos serían un nido de financiación de lo peor.

– ¿Serían ilegalizados?

 – Si logramos un cambio revolucionario no vamos a permitir que esa gente se organice en partidos y se dedique mediante artimañas a promover una guerra civil.

  – Entonces lo de un hombre un voto.

– Es que con un voto no evitas que la luz no sea un oligopolio.

– ¿No son demócratas?

– Sí, claro que sí, pero es que para mí la Unión Soviética era una democracia para los trabajadores. Cien mil veces más democrática de lo que podía ser cualquier democracia de estas europeas de medio pelo. La URSS era una dictadura para los explotadores, los terratenientes y las potencias extranjeras.

– Hombre, pero los muertos provocados por Stalin.

– La historiografía oficial tiene poca fuente. La gente más civil os creéis que lo de Stalin es una verdad absoluta. Asumís la cuenta de asesinatos de Stalin como si fuera un psicópata narcisista, y fuera matando a gente. Ahora se está desclasificando material de la URSS y mucha gente se está atreviendo a decir según qué barbaridades.

La Unión Europea pretende criminalizarle, equiparar a los responsables de una guerra mundial, que arrasó los pueblos de Europa y trajo el hambre y la muerte de millones de personas, con aquellos que la liberaron, que derrotaron al fascismo y que pusieron la bandera con la hoz y el martillo en lo alto del Reichstag, que no queda bien en las películas americanas pero es la verdad.

La oposición en Valencia acusó al alcalde de facilitarles a los marxistas la salida al balcón, y de no condenar debidamente el homenaje. También recuerdan que hace un año ya desplegaron una pancarta parecida en las Torres de Serranos; y que el Ayuntamiento ha institucionalizado la cabalgata laica republicana, cuyo único precedente hasta la llegada de Ribó a la alcaldía salió a las calles en 1937 presidida por un busto de Stalin. “Son demasiadas casualidades y demasiados silencios. ¿Qué hubiera pasado si la pancarta hubiera sido a favor de otro dictador que no es de su cuerda comunista?”, se pregunta la portavoz del PP en el consistorio, María José Catalá.

Por si fuera poco, los marxistas trabajan‘ desde marzo en pleno centro de Valencia, en una sede de la Conselleria de Igualdad, en manos de Mónica Oltra, también de Compromís. Hacía un año que en la Generalitat no sabían qué hacer allí, y la formación estalinista decidió okuparla para convertirla en un albergue, y repartir cada dos semanas alimentos a los necesitados.

 “Se te plantan 200 personas aunque lo convoques con un día de antelación. Es una realidad, y es lamentable, además, cuando en Valencia a nivel local, autonómico y nacional está gobernando la izquierda. Pero el debate político no está en el hambre”, se lamenta Turia.

Ribó, mientras, dice haber informado a la Policía de lo ocurrido. Desde que decidió abrir las puertas del edificio, cada día está lleno de turistas en pantalón corto y chanclas. Ahora dice que en los controles buscarán pancartas como si fueran explosivos. La Policía no sabe aún quién desplegó la pancarta, y Turia dice que él no fue.

En el Partido Marxista Leninista se parten de risa con la polémica. “Pero si Ribó es un cobarde, cómo va a defender a Stalin”, cuenta Turia. De hecho, mucho más que el capitalismo, la formación, nacida de una escisión del Partido Comunista, centra sus críticas en quienes hoy se declaran de izquierdas. “El PP, Vox, Toni Cantó, la derecha mediática… no tienen de qué preocuparse con que en pleno siglo XXI se siga defendiendo la figura de Stalin, mientras los Ribó, las Mónicas Oltra o la Irene Montero de turno sigan en el poder. Es una izquierda vendida y asimilada al sistema”, sostiene el portavoz.

Roberto Vaquero (Madrid, 1986) es secretario general del partido. Mide 1,92 metros, está salpicado de tatuajes, y tiene un currículum universitario como alumno de Pablo Iglesias. “Era insoportable ir a una clase suya. Pedía a los alumnos que se pusieran encima de la mesa para subvertir la autoridad. Yo me negaba. No le veía ningún sentido. Además, si me lo pide él, ya no es subvertir la autoridad. Subvertir la autoridad es no hacer el imbécil encima de la mesa”, cuenta desde Madrid.

Vaquero fue condenado por la Audiencia Nacional a dos años y tres meses por pertenencia a grupo criminal, rebajados por el Supremo a un año y tres meses, de los que sólo cumplió dos meses en preventiva. Junto a otros cuatro militantes se le acusaba de colaborar con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado organización terrorista por la UE, para luchar contra el Estado Islámico. Dos se acabaron yendo. En casa de Vaquero, la Policía requisó un machete, cuatro cuchillos y un hacha. Y en la sede del partido, componentes que, según los agentes, podrían ser usados para elaborar explosivos. Turia lo explica:

– No nos dedicábamos a enrolar a nadie. No le condenaron por posesión de ningún arma, y lo del despacho eran petardos de nochevieja, azúcar y fertilizante.

– ¿Fertilizante? Es lo que aparece en los registros de muchos terroristas.

– Es que teníamos plantas.

– ¿Las cuidaban mucho?

– No era una cosa loca.

 El partido cuenta con sólo 300 militantes, porque “la cultura militante no es ‘les voy a votar’, o ‘les voy a hacer un retuit’, o ‘voy a una ‘kalimochada’ por la Revolución cubana’. Queremos aspirar a un partido de revolucionarios profesionales”, indica Turia. Sin embargo, el canal de Youtube de Vaquero tiene más de 28.000 suscritos. Madrid, Valencia, Barcelona, Sevilla, Palma y Bilbao son, por ese orden, sus núcleos de militancia.

– ¿Y quiénes se acercan a vosotros?

– De todo, gente de comités de empresa, universitarios… – responde Turia.

Hace un año una militante fue condenada por agredir a una amiga de la infancia en la puerta de la Facultad de Geografía e Historia de la avenida Blasco Ibáñez de Valencia. Según la sentencia, le pegó por tratar de abandonar la formación y no tener conciencia de clase. Según Turia, “fue por un novio”.

Entre sus actividades también se encuentran sus campamentos de verano, en los que los participantes reciben formación de corte paramilitar. “Mira, no puedes decir paramilitar porque lo va a ver un militar y se va a reír”, advierte Turia. Acaban de terminar su cuarta edición, en un escenario que se niegan a desvelar, como tampoco el de la charla de Stalin que darán este domingo en Valencia. Muchas de sus actividades se cancelan, como les pasó en sus ferias del libro marxistas de Barcelona.

¿Por? “Por si se puede generar una situación de odio, pero ahora ya sabes que también se puede generar una situación de odio por decir que un hombre es un hombre y una mujer es una mujer”, se lamenta Turia.

En su último campamento, que acabó hace escasos días, participaron 180 jóvenes con una media de edad de 25 años. Además de recibir formación comunista, en los vídeos se les puede ver boxeando, haciendo circuitos de fuerza, abdominales, flexiones, sentadillas, o en formación portando banderas republicanas y de la URSS.

La escena recuerda al modelo de adoctrinamiento de las juventudes hitlerianas, o al komsomol de la URSS. A Turia le recuerda a cualquier club deportivo: “Intentamos promover el deporte y la formación, que la gente se esfuerce tanto físicamente como en el trabajo intelectual, fomentar la camaradería y la disciplina, que es un valor muy criminalizado, y que luego es necesario para todo. Si queremos un cambio revolucionario en España no se puede hacer manteniendo a la gente ociosa, en un concierto, bebiendo o tomando drogas”. El vídeo acaba con los lemas: “Organización, formación y combate“.

Si se tocan con su portavoz temas de actualidad, su discurso sin embargo coincide mucho más con la derecha radical que con la izquierda. ¿La Agenda 2030? “Una carta a los Reyes Magos”. ¿Yolanda Díaz? “Es la típica que tenía carnet del PCE para tener cargo en Izquierda Unida. A ella el PCE no le ha importado nada nunca. Igual que a Alberto Garzón… pero con esto del 15-M ahora les ha tocado premio”. ¿Podemos? “Le hacen seguidismo al gobierno, ¿dónde están las huelgas generales, o las reivindicaciones por la luz? Se centran en cosas nimias que no representan ningún cambio en el país, que si el lenguaje inclusivo, que si la Ley Trans, cosas de este estilo, que no cambian nada”.

¿Lo del rapero Pablo Hasél? “Nosotros no protestamos. Cualquiera que sepa de derecho sabe que lo que dijeron de por qué iba a prisión no era la verdad. Era una persona que tenía antecedentes. No fue por la libertad de expresión. A nosotros nos parece muy mal la condena que tuvo, pero tanto como convertirlo en icono pop… El rollo este de que dedicarse a quemar contenedores es la revolución, pues mira, igual que presentarse a las elecciones es algo simbólico, quemar un contenedor también lo es. No supone nada, ni cambia nada”, sigue el valenciano.

¿Y el independentismo, Turia? “Es un circo. Estuvimos en contra del 1-0 porque solo iba a servir para apalear a la gente. Era como una performance. Todo el mundo sabía que no era vinculante. Los CDR pusieron a ancianas en primera fila para que las apalearan y les abrieran la cabeza. Y luego el Gobierno de España les mete en la cárcel para que tengan mayoría absoluta hasta dentro de 20 años.

Es una pugna entre empresarios. Nos avergüenza mucho que de las dos últimas grandes huelgas que ha habido en España una fuera por lo de Cataluña, que era un cierre patronal. Solo hay que ver a los presos del procés para ver su clase social. Incluidos los presos más sociales como los Jordis, que son empresarios, literal, de dirigir patronales catalanas”.

– Entonces en vuestro mundo ideal, ¿uno no puede hacerse rico fruto de su trabajo?

– En eso os equivocáis. En eso hay un mito. Lo que no queremos es que nadie se haga rico a costa de la explotación de otras personas.

– ¿Y expropiar a Florentino Pérez?

– Seguro.

– ¿Y a Amancio Ortega?

– Por supuesto.

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